Un bar que se llama Bar Sin Nombre y define su carta como una «apología al error» deja claro de entrada que acá nada se da por terminado. El bar asume la corrección permanente de sus recetas y su funcionamiento como parte de lo que ofrece y no como algo que esconder, porque entienden que la perfección es un horizonte al que se aspira pero que nunca se toca. Detrás están Paula Troncoso, primera mujer campeona nacional de coctelería, y Valentín Fuentes, venezolano y ex jefe de barra de La Ronería, dos nombres con trayectoria de sobra en este rubro.
El bar está en Mallinkrodt 170, en una sector de Bellavista que de a poco busca recuperar su pulso nocturno gracias a un empuje colectivo con vecinos como Ánima, Siete Negronis o La Vermutería. Es la parte más segura del barrio y la con mejor oferta coctelera por metro cuadrado.
Este espacio mantiene la misma orientación a la calidad que el bar que lo precedió, con una coctelería de autor que incorpora de buena manera las técnicas contemporáneas de coctelería como clarificaciones, cordiales o gasificaciones, pero en presentaciones minimalistas y con sabores que buscan apelar a lo ya conocido.

En esta primera carta hay siete cócteles inspirados en postres, pero sin caer en dulzores empalagosos ni en los clichés de siempre. El postre es simplemente el disparador creativo de una propuesta con perfiles bien distintos de lo fresco y ácido, a lo láctico, pasando por lo frutal y lo amargo. Y todas las opciones cuestan lo mismo, $7.500.
Al que mejor le queda el manoseado concepto -que aquí de verdad se cumple- de «postre líquido» es al Estereotipo, una precisa combinación de vodka, limoncello y una espuma de galletas con haba tonka servido en copa coupé, que da como resultado un pie de limón en formato bebible. Está tan bien logrado que es el único con un punto de dulzor más elevado así que, dependiendo de tu gusto, puede ser buena opción dejarlo para el final.
Pensando en abrir el apetito, una opción que cumple bien esa función es el Falso Testigo, un cóctel inspirado en las cocadas de tamarindo que se venden en las playas de Venezuela, país de origen del head bartender Valentín. Combina tequila, cordial de tamarindo, licor de coco y cierra con un toque de ginger beer y lemongrass. El resultado es una copa fresca, con una rica acidez y marcadas notas a coco que bien se equilibran con el resto de los ingredientes. Peligrosamente fácil de tomar, no digas que no te avisamos.
También inspirado en los postres del país natal de Valentín está el 24 de Siempre, una improbable mezcla de pisco, brandy, licor 43, naranjas y panettone, el postre clásico de la Navidad en Venezuela. Para los paladares locales, este postre probablemente recuerde más a un yogurt o una torta de piña o a un yogurt saborizado con Trix —como sugirió una colega— el popular cereal que era parte imprescindible en la dieta de los niños de los 90. Láctico, frutal y con una sustantiva densidad en boca.
Si a esta altura los cócteles ya comenzaron a hacer efecto, nunca es mala idea pedir algunos platitos para llenar el estómago y poder continuar la noche probando más de esta novedosa propuesta. El plato que se convirtió de inmediato en el best seller del local es el Lajmayin ($7.500), un redondo pan libanés con carne sazonada con especias árabes, salsa de yogurt y tomate confitado. La carta de cocina se inspira en el crisol de culturas y cocinas que convergen en Barrio Bellavista en formato street/picoteo, con preparaciones tan variadas como gildas, nachos, hummus con pitas, quesadillas o las infaltables papas trufadas.

Todos los platos vienen con recomendaciones de cócteles para armonizar aunque, como bien se sabe, este tipo de reglas están para romperlas. Y aunque es una cocina sencilla, platos como los Falafel ($6.000) de inmediato delatan una buena mano detrás, bien húmedos y cuidadosamente dispuestos sobre un charco de salsa de yogurt.
Para un cierre con algo más intenso, prueba el Expediente Noire, una reversión de un boulevardier que recuerda por sus notas a la -amada y odiada- torta de selva negra. Bourbon, campari infusionado en frutos rojos, oporto, cacao y una amarenna como garnish. De perfil frutoso y amargo, más bien seco. Un cóctel para verse y sentirse elegante.
Más allá de su jugada y lograda coctelería de autor, el recorrido de quienes están detrás de esta barra es garantía de que los clásicos saldrán bien hechos, así que también puedes jugar en terreno conocido con tu daiquiri o tu old fashioned de siempre. Todos los martes están animando la noche con karaokes y los miércoles tienen martini 2×1 o bien un guest bartender, dependiendo del día. Buenos panoramas para anotar en tu agenda.
Un bar ideal para una noche con amigos, porque con este tipo de coctelería es realmente fácil pedir un par de copas de más y emborracharse. Sin embargo, su carta de mocktails, con 6 opciones distintas y tan trabajadas como el resto de sus tragos que emulan los sabores de un negroni, de un spritz o de un dirty martini, permite salir y disfrutar sin consumir alcohol.
Bebe con precaución, pero no pierdas la oportunidad de descubrir la coctelería del Bar Sin Nombre.