Kilú, Casa de Carnes opera en una casona ubicada en José Manuel Infante 28, a pasos de Av. Providencia. Es un un lugar donde pequeñas cafeterías conviven con la vida barrial en un enclave céntrico cerca de la línea 1 del Metro. El local es de escala íntima (42 cubiertos), lo que les permite entregar un servicio cercano desde que uno entra por la puerta.
Apuestan por el minimalismo en su carta y lo logran con excelencia. Menos es más, es la premisa detrás de su propuesta de cortes de 1 kilo con hueso, a precio fijo ($42.900) con un appetizer y dos acompañamientos. De ahí viene su nombre “Kilú”, que es una mezcla de Kilo y Lúdico. La lógica monoproducto que guía este restaurante les permite ordenar la operación, reducir mermas, costos y, por lo tanto, tener precios muy competitivos. Uno de estos cortes es suficiente para dos personas, aunque muchos optan por comérselo solos. No los juzgo.
La cocina tiene como grandes protagonistas a un horno a carbón -donde los cortes se cocinan en medio del humo- y a una parrilla para sellarlos. Nada de más. Sal, punto de cocción y servicio directo a la mesa. Los acompañamientos son papas fritas y un mix de hojas verdes. Directo y sin enredos.
La carta de Kilú se compone de tres cortes con hueso –costaleta de lomo vetado, costaleta de lomo liso y entrecot (T-Bone)-, todos elegidos entre algunos de los mejores productores de carne de origen chileno. Para mantener viva la curiosidad y que su público vuelva con frecuencia, también incorporan cortes invitados que rotan mensualmente, con apariciones como entraña (americana o argentina) o punta de ganso. Entre los destacados recientes, probamos el Vacío Centro, jugoso y con una adictiva infiltración de grasa que pide a gritos un vino tinto.
En esta línea encontramos una carta acotada con etiquetas que dialogan bien con un pedazo de carne. Tabalí, Undurraga TH, Kaune, junto a hallazgos como Surko de Viña Peppi (un blend mediterráneo) o el cabernet franc de Tanino. La mayoría de las copas están a $4.900 y su política justa de precios por botella invita a elegir una para dejar encima de la mesa.
En horario de almuerzo, incorporaron un menú ejecutivo ($17.900) que consiste en un corte de carne de 300 grs que puede ser lomo vetado, lomo liso o vacío centro, dos acompañamientos a elección entre papas fritas, mix de hojas verdes o pastelera de choclo y un bebestible o café.
Recientemente también incorporaron entradas ($8.900 c/u) para hacer más amena la espera con golosas opciones como jalapenos con tocino rellenos de queso mantecoso o una irresistible provoleta de queso de cabra con tomates confitados y albahaca.
Para el cierre, el postre recomendado de la casa es el Candy Bacon ($6.900), helado de vainilla, miel de maple y láminas de tocino, para terminar con un toque dulce, la guatita llena y el corazón contento.
Kilú sale de la lógica de cartas sobrecargadas donde hay de todo para todos y se concentra en hacer pocas cosas pero bien. Un concepto de steakhouse distinto, pero con la esencia de uno original. Carnívoros, sean bienvenidos a su nuevo templo.