En marzo de este año, la recordada casona de Huelén 71, Providencia, donde antes funcionaba Black Mamba, reabrió sus puertas como un café. Esta vez, como Draga Coffee, una cafetería de especialidad que ya contaba con una sucursal -más pequeña- en el barrio, específicamente en calle Román Díaz, a apenas una cuadra de distancia.
Para su segundo local, desplegaron su proyecto más ambicioso hasta ahora, en un espacio que ofrece desde el desayuno hasta la once, en un concepto donde el protagonista es el café tostado por ellos mismos.
La historia de Draga viene de más atrás. Hace cuatro años, Jorge Alarcón y Sebastián Sufán partieron haciendo clases de barismo para grupos chicos, capacitando a quienes querían meterse de lleno al mundo del café. Lo que arrancó como talleres en un cowork fue creciendo y pronto empezaron a tostar su propio café y abastecer a cafeterías independientes que querían mejorar su oferta. Hace ya tres años atrás abrieron su primera sucursal en Román Díaz, que sigue funcionando.
El local de Huelén, sin embargo, es otra cosa. Tiene cocina, garzones, un servicio rápido y mesas para quedarse un rato leyendo un libro. Un concepto distinto, también construído en torno al café de especialidad, pero sin perder de vista la comida.
Alarcón -dedicado cien por ciento al tueste- maneja una bodega con granos de distintas procedencia. Actualmente tienen seis o siete de Colombia, además de Brasil, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Etiopía, Kenia, Ruanda y Perú. La variedad que ofrecen es muy amplia y también pueden ajustar los perfiles de tueste de acuerdo a las necesidades de cada uno de sus clientes. Si alguien pide un tueste más oscuro, se lo dan. Si buscan algo con características especiales, les muestran una propuesta pensada para eso.
Tienen variedades poco comunes como pink bourbon, bourbon rayados o geisha. Y en Huelén, a diferencia de otras cafeterías donde el filtrado es una opción estándar, acá hay varias alternativas. El barista pregunta qué buscás y te recomienda según eso.
Actualmente tienen un wush wush, un Colombia, con un perfil afrutado y jugoso que entrega una taza más limpia. Una variedad difícil de encontrar. También hay un Rwanda con notas a dulce de leche y un poco más amargo; o un Colombia natural, más exótico, con fermentación extendida y notas a frutilla madura.

La carta de comida está inspirada de las cartas tradicionales de cafetería, pero sin soltar sus raíces chilenas. En sus distintas preparaciones incluyen productos como arollado de huaso, ají encurtido, merkén, chancaca y otros productos típicos de nuestro país.
En los sándwich, por ejemplo, el Arrollado ($6.000) trae arrollado de huaso con ají verde encurtido y tomate semi deshidratado en pan brioche. El de Berenjena Asada ($6.000), con tomates Solegiati semi deshidratados y lactonesa vegana de ajo chilote en pan ciabatta, es otra buena opción que además es vegana. También hay tostadas más clásicas, como la de Palta ($5.200) o la de Huevo Revuelto ($5.200).
En la repostería también encontramos algunos guiños a la cocina chilena, como en el Sopaipilla Pasada Cake ($2.600), un bizcocho de zapallo dulce con salsa de reducción de chancaca. Una preparación inspirada en algo súper tradicional pero resuelta como torta. Uno de los best seller de la casa es el Banana Bread ($2.600) viene tostado con mantequilla dulce hecha con reducción de espresso, con el tostado justo para que el chocolate quede levemente derretido.

También hay bollería hecha en casa como el Croissant Espresso Dulce ($3.300), relleno de pastelera de espresso dulce; o la clásica Danesa ($3.300), que se puede pedir en versión vegana ($4.200). Más saludable y ligera para el verano es la Granola ($3.500) de la casa con yogurt griego y frutas de estación.

Además de sus imperdibles filtrados y otras preparaciones clásicas en base a café Draga Coffee tiene Matcha ($3.800), Chai Latte ($3.100), Té ($2.200) y Jugo del Día ($3.500), entre otras. Todas las preparaciones se pueden pedir frías.
Huelén es de esas calles tranquilas de Providencia donde todavía se puede caminar en calma sin autos pasando furiosos uno tras otro. Una cuadra residencial, con arboles y mesas afuera, ideal para sentarse a leer, para trabajar un rato o simplemente para tomar una buena taza de café.