A pocos metros de la vorágine de Avenida Providencia, dentro de la Galería Puerta del Sol, hay un local pequeño que parece más una extensión del living de alguien que un café al paso. Café Lupo abrió a finales de agosto de 2025 y es el sueño cumplido de Isidora Morales, quien tras vivir veinte años en Barcelona volvió con una idea bastante específica de lo que quería hacer. Allá se acostumbró a los cafés de barrio que tenían identidad propia, donde la personalidad del dueño se notaba la música, los objetos, la carta, la forma de atender. Cada uno bien único y distinto al otro, justamente la lógica que quería replicar.
Quienes conocen personalmente a Isidora entienden el concepto de inmediato. Lupo es su gato negro y su figura aparece por todas partes, desde el logo a las galletas, en las ilustraciones enmarcadas que cuelgan de las repisas o en los distintos retratos y figuras que encontramos en sus estanterías.

El otro eje es el jazz. Su papá era jazzista y desde chica creció escuchando los discos que ahora giran sobre la tornamesa. Los melómanos que visiten se encontrarán con música de Benny Green, Charlie Parker, Tony Scott o John Coltrane. Buena parte de su colección de vinilos está a la vista, junto a una bola de espejos que tira reflejos sobre las paredes blancas, prints con frases como «But first cafecito & jazz» o «If it’s nice, play it twice» y hasta un libro de Retratos de Jazz de Murakami y Wada, que bien vale la pena leer si uno disfruta del género, o si quiere entender de dónde viene la omnipresencia del jazz en la obra del escritor japonés.

La carta cubre todo lo que uno espera encontrar en una cafetería con opciones tradicionales como espresso ($2.300), capuccino ($2.900), flat white ($3.100), latte ($3.500), matcha ($3.800), entre otras. Un cliente -claramente frecuente- entra con su propio vinilo bajo el brazo y pide un americano ($2.500), mientras suena A Love Supreme de Coltrane. En tolva tiene un café de El Salvador, aunque parte de la propuesta es ir variando los proveedores para que sus clientes se encuentre con algo distinto.
Para los filtrados ($3.800 el normal, $4.500 el pro) Aura Coffee Roasters, es una preferencia fija que se complementa con otras que van rotando. Una excelente tostaduría que cada vez aparece en más cartas de cafeterías de especialidad, que trabaja con granos de distintos países y que -coincidentemente- también tiene un gatito en su logo.

Para las bebidas preparadas opta por insumos de calidad, como los syrups coreanos de Pomona o chocolate de Óbolo. De ahí sale el Especial Lupo ($4.200), un latte con salsa de castañas que rápidamente se convirtió en el favorito de su carta. También cuenta con propuestas estacionales de otoño como el Noir Felino ($4.700), un chocolate caliente con maní; o el Ronroneo de otoño ($4.400), un chai con espuma de miel maple.
Para acompañar hay galletas de Aikuki, una apuesta segura para el público vegano, los Lupitos: galletas con forma de gato que Isidora hornea ella misma, y otras opciones como queques o pastelitos que, al igual que sus cafés, también van variando.
Una sola visita basta para entender que Café Lupo es de esos lugares alrededor de los cuales fácilmente se forma una comunidad. El público se repite, los clientes habituales llegan con sus propios vinilos, y la dueña los trata como si estuvieran visitándola en casa. Ideal para una pausa de media mañana al ritmo del jazz.