En Barrio Italia hay un restaurante de comida árabe que lleva poco más de un año funcionando, pero cuya historia se remonta a décadas atrás. Siria nació de la experiencia de Fabiana Dik, venezolana con abuelos sirios que creció entre las ollas de Damasco, el restaurante que su familia tenía en Venezuela. Cuando llegó a Chile, empezó vendiendo comida árabe por delivery desde su departamento, antes de abrir su primer local físico.
Este espacio, ahora ubicado en Marín 415, casi en la esquina con Condell, logra ese difícil equilibrio entre identidad árabe y contemporaneidad. Hay textiles con patrones geométricos, alfombras y detalles en los muros que remiten al medio oriente, pero nada se siente forzado ni anticuado.
Es un lugar que entiende de dónde viene pero no se aferra sólo a eso. La terraza interior es acogedora e íntima, de esas que funcionan tan bien para ir en pareja como con un grupo de amigos y los sábados hay show de bailarinas árabes, lo que da otro ritmo a la noche.
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La cocina árabe no se entiende sin el acto de compartir y en Siria lo tienen claro. Por eso, la mayoría de sus platos están diseñados para ir al centro de la mesa. El Shawarma Mixto ($12.990) es un clásico de clásicos. Pollo condimentado con especias, falafel, tabulé, crema de ajo y tahine. Llega cortado por la mitad, justamente para ser compartido como es la norma de la casa.
Para arrancar, el Mix ($11.990) es de esos platos que no fallan. Cuatro preparaciones en formato dip -muhammara, baba ganoush, hummus y salsa de ajo- con pan pita frito. Cada una tiene su personalidad. La muhammara dulce y ahumada por el pimentón asado, el baba ganoush con notas más terrosas y el hummus cremoso, con un rico punto de acidez.
El Kibbe Nayeh ($8.990) es uno de los que no pueden faltar. Un tartar de carne sin grasa, mezclada con pimentón, cebolla, aceite de oliva, burgol y especias árabes. Liviano, fresco y distinto.
La carta se mantiene relativamente estable, como suele pasar en cocinas extranjeras que se mantienen fiel a sus raíces, pero hace poco incorporaron el Kafta Al Qamar ($16.990). Es uno de esos platos que funcionan como muestrario. Arroz libanés con fideos fritos y almendras tostadas, dos falafel, una brocheta de kafta, ensalada fattoush (lechuga, tomate, pepino, perejil, pan frito y toques de hierbabuena), hummus y pan árabe. Sirve como fondo o para compartir entre dos. Es una buena opción para probar varios sabores en una sola preparación.
También en esta línea está el Amal al plato ($15.990), que viene con arroz sirio, pan árabe, tabulé, una preparación a elección -entre hummus, baba ganoush, muhammara y crema de ajo- falafel y hojas de parra. Nuevamente, una porción generosa, otro de los sellos de Siria.
Para beber tienen cinco cócteles de autor. La Dote del Emir ($8.990) es el más interesante. Tequila, frutilla, granada y té árabe frío. Funciona bien, sobre todo en estos días abochornados. Si prefieres algo sin alcohol, ve directo por el té árabe frío. Simple y rico.
Ahora, la carta de vinos es donde aparece una sorpresa que vale la pena destacar. Hay etiquetas de Copa, de Ricardo Lowick, Mendoza y Carriel y Lagar de Codegua. Pequeños productores que están haciendo un trabajo serio de vinificación y que no suelen aparecer en este tipo de locales. Ver esos nombres en un restaurante de comida del medio oriente, donde lo esperable sería una selección genérica, es un detalle que habla de cuidado y de ganas de hacer las cosas de la manera correcta.
Siria es una opción sólida para comer árabe en un entorno más moderno, con preparaciones que conocen su origen pero se adaptan a lo que la gente busca hoy. Las porciones son abundantes y el ambiente es entretenido. Otra buena alternativa para pasarla bien en el encendido Barrio Italia.
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