La calle Santa Beatriz, ubicada a pasos de metro Manuel Montt, lleva un par de años sumando locales que, sin proponérselo del todo, le están dando forma a una pequeña esquina gastronómica en Providencia. Cerca del reconocido restaurante El Ancla, se instaló Caos Comedor, Café Greta llegó a ocupar un lugar a su costado y ahora Otto ocupa el espacio que dejó Café Meche cuando se mudó a Ricardo Lyon. Los tres comparten una terraza que en los días buenos se llena sin que nadie tenga muy claro dónde termina un local y empieza el otro.
Otto abrió en enero de este año y detrás están Aurel Crux y Sofía Wagner, una pareja chilena-alemana que se conoció en Austria mientras estudiaban. Vivieron varios años en Alemania y volvieron a Chile en un viaje que la pandemia se encargó de hacer permanente. Con el tiempo dejaron de pensar en el regreso y decidieron quedarse.
El nombre viene de la figura del alemán que Aurel, sin quererlo, representa bastante bien: alto, serio pero amable, de mirada expresiva, moviéndose entre las mesas ocupándose de todo con esa eficiencia callada que en el imaginario chileno se le atribuye a cualquier germano.
La propuesta tiene dos momentos. Por un lado un brunch y por otro una carta acotada de almuerzos a la que se suma un plato del día que va rotando ($9.500). Cocina italiana simple, donde la materia prima y la ejecución hacen el trabajo.
Del brunch, el Prensado Italiano de Jamón y Queso ($7.500) es de los que no fallan. Usan un pan de Metissage como base, una porción generosa de jamón y le suman unos tomates deshidratados que le aportan un toque dulce con fondo umami que redondea todo el sándwich. También están el Brioche con Palta y Huevos Pochados ($9.200) y la Tostada de Ricotta con Tomates ($7.800), que funciona especialmente bien en verano. Los tomates llegan asados y con una reducción de balsámico que les saca todo el provecho al producto estrella de la temporada.
A la hora de almuerzo, los Arancini ($6.200) son un clásico que no puede faltar. Llegan con un trozo de champiñón encima y van sobre una ligera salsa pomodoro. La Burrata Caprese ($11.500) viene con burrata italiana y tomates asados, lo que vuelve el plato más goloso de lo habitual, con texturas blandas que se funden entre sí. Pero si hay que elegir un plato para entender Otto, probablemente sean los Gnocchi con Pesto de Rúcula ($9.800), un plato casero italiano con un pesto liviano, lo que se agradece considerando que es un almuerzo de día y que después hay que volver a la oficina. Llega nueces para la crocancia y con generosos trozos de grana padano que se sienten en la mayoría de los bocados y le dan una profundidad de sabor que un pesto solo no alcanza.
Y después están los postres, que en Otto están tremendamente bien logrados. La Panna Cotta con Berries ($5.200) tiene esa textura temblorosa y láctea, bien cremosa sin ser pesada. Y el Migliaccio Napolitano ($5.500) es una aparición poco común en las cartas santiaguinas: un pastel de ricotta y sémola de trigo, de consistencia húmeda, con aromas a naranja, bien reconfortante.
Otto, aunque suene a lugar común, es lo que se entiende como una propuesta sin pretensiones. Almuerzos caseros con pasta fresca, accesibles y con onda de barrio. Un sitio que aún se encuentra en ruedo, donde se puede ir a brunchear un sábado, que funciona igual de bien para una pausa dulce con un buen café entre reuniones y donde la cocina italiana aparece en su versión más cotidiana.