Al cada vez más ajetreado y entretenido piso -2 del MUT llegó a instalarse Caleta de Locos, una nueva pescadería y marisquería con una vitrina iluminada con filetes de pescado, conservas alineadas y mariscos sobre hielo que de inmediato captan la atención. El local está decorado como una caleta, con redes de pesca colgando del techo y tonos marinos, frente a una barra para más de diez personas que desde que abrieron se llena en horario de almuerzo.
Caleta de Locos abrió a fines de abril y forma parte de la nueva camada de locales que han llegado al -2 del MUT. Detrás del proyecto está Raúl Andrade, empresario gastronómico que también es dueño de Vista Mar en Maitencillo. Para esta apertura convocó a Alexander Dioses como chef ejecutivo y asesor, el mismo que estuvo a cargo de aperturar La Mar en Chile y que también tiene pasos por Mare Nostrum, Tanta y La Calma, antes de dedicarse de lleno a asesorías.
El concepto, por un lado, funciona como una pescadería donde se puede comprar producto fresco para llevar. Por otro, es un restaurante que toma ese mismo producto y lo cocina al estilo del recetario chileno, sin desviarse a la influencia peruana que se ha vuelto casi obligatoria en cualquier propuesta de mar en Santiago.
La premisa de Caleta de Locos es ofrecer una cocina donde lo que brille sea el producto y no las salsas ni el exceso de técnica. El Ceviche ($8.900) es una buena muestra de aquello. 200 gramos de proteína cortada en cubos -no raspada, como se usaba a la vieja usanza-, servida con salsa verde, una limoneta y jugo de almejas, bien simple y a la chilena. Sin leche de tigre, sin maíz cancha ni rocoto como tan popular se ha vuelto, porque cuando hay buena materia prima y está bien tratada, menos es más.
El Sándwich de Pescado ($9.900) llega en un toscano de Pan León, suave, que se deja morder sin desarmarse; adentro, el filete de merluza fritado en una costra crocante y ligera, con ají verde y ensalada chilena. Es de esos sándwiches que se pueden comen enteros con la mano sin que sea necesario desarmarlo o que se destruya.
Los gratinados, esos abrebocas que se resiste a salir de las cartas santiaguinas, también tienen su lugar. Los Ostiones a la Parmesana ($15.900) son un buen aperitivo para comenzar antes de pasar a un plato de fondo como la Paila Marina ($14.900), uno de los best seller del local, con pescado, ostiones, pulpo, camarón nacional y algún marisco extra que tengan ese día, todo nadando en un caldo profundo construido a base de longaniza, piure, cebolla, caldo de pescado y caldo de choros. Reponedor y criaturero, como dicen.
Otro clásico que no puede faltar en un restaurante de este tipo es la Empanada de Mariscos ($6.900), de generoso tamaño, con pino de cebolla, ajo, cilantro, orégano, pulpo, piure, ostión y camarón nacional. Llega con tres salsas: un pebre, una mayo de cilantro y una mayo de cacho de cabra para ir cambiando el dip. El pino es jugoso y a diferencia de la mayoría de las versiones de esta preparación, no lleva choritos, si no que se la juega por otros mariscos. Y no se asuste con el piure. Solo lleva un toque justo que levanta todo el resto.
En la carta también encontramos varias opciones de mariscos frescos y el favorito de quien escribe son los Erizos. Aquí sirven 200 gramos del mantequilloso equinodermo, junto a una porción generosa de papas fritas. La combinación suena rara en el papel, pero en la práctica funciona. Una pareja poco conocida que aquí se anima a salir del clásico erizo con salsa verde y pan.
Caleta de Locos llega a un escenario donde las propuestas de cocina marina chilena se cuentan con los dedos de una mano. Ideal para un almuerzo ejecutivo de semana, para una salida familiar de fin de semana o simplemente para comprar algo al paso y luego cocinarlo en casa.