Pocas cosas se comparan con la sensación de un sábado sin alarma, cuando el desayuno deja de ser un trámite y pasa a ser el plan que da vida a la mañana. Llegar caminando a sentarse sin apuro a una terraza, comerse un plato de huevos que llegan con la yema todavía tibia, un café que te tomas entero antes de que se enfríe a diferencia de un ajetreado lunes y algo dulce que no tenías contemplado pedir, pero que viste en la mesa de al lado y no pudiste resistir. Ahí está la gracia del brunch, es darse el permiso para comer rico y sin tanta estructura. Si además hay sol, terraza y un lugar donde tu perro puede echarse abajo de la mesa, mejor todavía. Eso es precisamente lo que ofrece Café Meche.
Javiera Fuentealba, la dueña, es chef y fue una de las socias del recordado Bravo 951 en Providencia, donde estuvo a cargo de la cocina hasta 2021. La idea de Café Meche nació de la idea de tener un lugar donde el desayuno no tuviera horario de cierre. Desde 2022 funcionó en Santa Beatriz, pero en agosto de 2025 se mudó a una casona en Ricardo Lyon 1483, en una cuadra residencial y arbolada que le calza mucho mejor al espíritu del local. El nombre es un homenaje a su bisabuela y cuenta que su cocina tiene algo de esa cocina de casa, la del pan tostado, el huevo bien hecho y la enjundia casera que Javiera intenta sostener en cada cosa que sale de su cocina.
El nuevo espacio es casi todo terraza. Una casona con rejas negras y toldos que dan paso a un patio amplio con gravilla, mesas plegables, ampolletas y faroles de papel entre la vegetación. Caben poco más de cuarenta personas y tiene esa atmósfera de jardín privado que en Providencia no abunda. Pet friendly, con sillas altas para niños y una pizarra en la entrada que promete desayunos, café, sándwiches y helados.
Entre semana, lo que más sale son los clásicos del desayuno y la once chilena. La paila de huevos ($5.700), los huevos a la copa con sus tostadas de masa madre y mantequilla ($6.900), la tostada de palta con huevo frito ($7.700). Javiera apunta a esa tradición familiar del pancito, el té y algo dulce a las seis de la tarde, pero los fines de semana la cosa cambia. El local se llena, a veces se forma fila, y aparece una carta de brunch con el sello de la casa.
Despertarse un sábado sin nada que hacer y poder elegir un desayuno que también funcione como almuerzo es un lujo chico pero real. Los fines de semana en Café Meche están armados para eso: platos que rinden y que no te dejan con hambre a la una de la tarde.
El plato más icónico probablemente sean los Huevos Benedictinos ($9.000), que acá vienen en una versión bien tradicional: holandesa, palta, jamón y dos pochados sobre una tostada de masa madre de panadería 2345. Otro clásico de la casa son los Huevos & Yogurt ($8.700), pochados sobre una cama de yoghurt de ajo con aceite macha y chimichurri, con un punto de jugo de pepino que le entrega una acidez fresca que te pide seguir comiendo. De esos platos donde cada cucharada trae algo distinto.
Pero el sello de la cocina de Javiera queda claro en las Tostada Macha ($8.500), que rápidamente se transformaron en uno de los platos más representativos de la carta. Pan de masa madre, palta, tres huevos mollet y una salsa macha hecha con frutos secos, sésamo y cacho de cabra, pero sin picor. Esa decisión es un acierto grande, porque abre la puerta a gente que normalmente le arranca al picante. Los frutos secos funcionan como topping crocante y completan un plato con varias texturas, que combina notas ahumadas, saladas y umami.
La carta de brunch también incluye las Tostadas de Hummus con tofu marinado y hojas verdes ($7.500), y los Pochados con Romesco ($8.700), ricotta y chimichurri. Para tomar hay tés helados hechos en casa (desde $4.000), jugos naturales, limonadas y kombucha ($3.500), además de una línea de cafetería completa y mocktails como el espresso naranja ($4.600) o el matcha con limonada ($5.500).
Y para el cierre dulce, la pastelería y bollería corren por parte de Tamy Pastelería y Aikuki, pero la opción más golosa probablemente sea terminar con una Tostada Francesa ($8.000): un brioche caramelizado con crema batida, salsa de frutos rojos y fruta. El tipo de plato que pides para compartir y terminas comiéndote solo.
Una propuesta con platos bien trabajados y con técnica, pero donde lo que los sostiene es una enjundia casera que solo aparece cuando alguien cocina con cariño y buena mano. Anótelo para esa añorada mañana larga que viene postergando.