Hay una idea gringa que nunca terminó de asentarse bien en Santiago: juntar el desayuno y el almuerzo en una sola comida, sin culpa y sin apuro. Brekkie lo hace bien. Los hermanos Merino —uno cocinero, el otro administrador— trajeron el concepto desde Costa Rica y lo instalaron primero en Providencia, después en Carmencita. Casi todo lo producen ellos mismos, desde el pan de masa madre hasta el ginger ale. La carta mezcla sin vergüenza lo dulce con lo salado, y los platos son grandes, generosos y poseros. Parte por el Benito carnal o el Di la verdad Rosa y después dinos que no volviste.
