El mapa hamburguesero santiaguino se inclinó hace un algunos años, de forma muy generalizada hacia las smash ultra finas. Dos discos del ancho de un vinilo, costra crocante de lado a lado y un centro casi imperceptible. En este contexto, One Guy eligió un camino distinto, el de la fat smash, donde la carne, una mezcla de angus y wagyu nacionales, se aplasta apenas lo necesario para gatillar la reacción de Maillard en una de las caras y conservar el centro jugoso. Lo que llega al pan es un disco más grueso, de bordes caramelizados e interior cárnico, goloso.
La hamburguesería abrió en septiembre de 2025 en Santa Magdalena, en el mismo paño donde Baco lleva más de una década siendo el bistró francés de cabecera de Providencia. Detrás del proyecto está Cristóbal Duch, que antes fundó La Mechada Nacional y después tuvo Córdova, su restaurante en Alonso de Córdova. La idea de One Guy viene incluso desde antes de fundar su primer proyecto, pero la receta la trabajó en pandemia, cuando montó un delivery de burgers desde Córdova y empezó a hacer hamburguesas como complemento a la carta. Ahí probó la fórmula, entendió que tenía algo entre manos y llegó a la idea de montar el local.


One Guy va de a poco consolidando una identidad propia dentro del cada vez más competente mundo hamburguesero. El pan que utilizan es esponjoso e inflado, y aguanta lo que tiene que aguantar. Las burgers de One Guy son de las que chorrean así que el servilletero sobre la mesa no es mera decoración.
Las salsas y los encurtidos se hacen en la casa, lo que se nota especialmente en la Bacon Jam ($10.900), donde una mermelada de tocino casera se cruza con cheddar, salsa One Guy y cebolla morada encurtida que aporta el contrapunto ácido que la combinación pide a gritos. Es la burger de entrada, una de las best seller y la que probablemente conviene pedir la primera vez que los visitas.
La Spicy ($11.900), para paladares más atrevidos, lleva ají verde y ají rojo encurtidos en casa, cebolla crispy, spicy mayo, cheddar y un tocino que saca aplausos. Dos centímetros y medio de grosor, exterior crocante y un pertinente glaseado de sriracha y miel, dupla probada que acá no decepciona.
También tienen sándwiches con pollo grito, como la One American Chicken (10.900), con cheddar, tocino crujiente, coleslaw, pepinillo encurtido, barbecue de chipotle ahumado y salsa One Guy. La textura del coleslaw frío contra el crujiente pollo recién frito más los sabores picosos y ahumados de las salsas explican la popularidad de este producto que se expande a cada vez más cartas.
Todas las burgers vienen acompañadas de papas o de camote frito. Las clásicas llegan con sal One Guy, una mezcla con paprika y otras especias, mientras que las de camote, más crujiente y dulces, son la elección obvia para acompañar las burgers más picantes por su contraste.
Una parte importante del trabajo de One Guy es el delivery, tema que también tienen resuelto. El packaging es visualmente sencillo, con un papel antigrasa aluminizado que mantiene la temperatura de la burger y las papas viajan en una bolsa semi abierta que absorbe parte de la grasa en el camino.
One Guy desde su creación fue pensado para ser una franquicia y eso explica que un proyecto pequeño tenga este nivel de prolijidad. No es un local que quiera reinventar la hamburguesa, si no que simplemente hacerla bien. Ideal para matar ese antojo, para el cheat day, para compartir con los compañeros de la oficina o simplemente para acompañar una película en casa por la noche. Como bien dice su dueño, «el que viene, vuelve».