Masa filo en capas finísimas, un hojaldre dorado, frutos secos bien picados y el coqueto brillante del almíbar. Estos son los elementos que se repiten en la mayoría de los dulces árabes, que llegaron a Chile en los libros de recetas de las numerosas familias migrantes de Siria, Jordania o Palestina y que hoy se encuentran en distintos lugares de Santiago.
Uno de los locales de este tipo que abrió más recientemente es Chef Fadi. Ubicado en calle Miraflores, pleno centro de Santiago, cuenta con una de las vitrinas más vistosas y ostentosas con las que te vas a cruzar, repleta de pasteles atractivos visualmente y peligrosamente tentadores.
Detrás del local está Fadi Haj Hussain, ciudadano sirio que llegó hace más de doce años a Chile. Su historia es peculiar. Fadi era mecánico en su país, pero debido a la situación política viajó para trabajar en una panadería árabe junto a otros de sus compatriotas. Ese fue su primer acercamiento a una cocina. De a poco fue aprendiendo a trabajar con las masas y poco tardó en darse cuenta de que las cosas se hacían distinto a como en su tierra natal. En los dulces, particularmente, notó que el relleno era más discreto y el almíbar más generoso. Así es como se suelen conocer los dulces árabes, bien mullidos y bañados en almíbar.
Sin embargo, en Siria, van por otro lado. En lugar de bañarlos en almíbar, apenas se les pone un toque porque lo que manda es el relleno. De esta forma, se puede sentir lo crujiente de la masa y el almíbar no esconde el sabor real de los frutos secos. Esa diferencia, decidió, sería su carta de presentación.
Hace tres años empezó haciendo dulces árabes desde su casa y poco después abrió el primer local de Chef Fadi en Recoleta. Es ahí mismo donde hoy fabrica los pasteles que abastecen a la tienda de Miraflores, abierta hace apenas 9 meses. Un proyecto que Fadi comenzó sin ayuda de nadie y tres años más tarde ya cuenta con trece empleados y una producción constante de dulces árabes, que cada vez gana más aficionados.
Cuando entras a Chef Fadi lo primero que vas a recibir es un dulce de cortesía. Es la característica cordialidad del país natal de Fadi, pero también una forma de cautivar al cliente y convencerlo de que su producto es bueno.
Sus pasteles se venden por peso y la carta ronda los 35 dulces, así que es un buen lugar para atreverse a probar algo distinto. El Knafe es sin lugar a dudas uno de los best seller del local. Una masa kataifi molida que mezclan con manteca vegetal y almíbar, rellena con un queso de mano que hacen en el local, de alto porcentaje graso, que al servirse en el momento estira como ningún otro. Si cuando entra al local ve que está saliendo una bandeja fresca, no dude ni un segundo en pedirlo.
Uno de los clásicos y más reconocidos es el Baklava, que acá se presenta en cinco versiones diferentes. De masa delgada y muchas capas que se deshacen como un ensamblaje cuando las aprietas con los dientes, con bastante más relleno que en otros locales similares. También hay otros pasteles llamado Pulseras, que son las más livianas de su oferta. Finas, crujientes, sin relleno y con apenas un golpe de almíbar.
Sin lugar a dudas una de las preparaciones que más entusiasma a Fadi es el Harise, un pastel originario de Nabek, la ciudad en la que creció. Y a pesar de lo lejos que queda Siria, este pastel es el más cercano a lo que se conoce en Chile, con una masa de sémola húmeda que se asemeja -entendiendo las diferenias- a los clásicos queques chilenos.
Si quiere probar algo distinto, pruebe el Halawa El Jibn, una masa esponjosa de sémola rellena de nata, bien blandita, más en la línea de lo que sería un mochi japonés. Y quienes busquen sabores conocidos, pueden optar por el Halawa, un pastel a base de tahine, cuyo sabor y textura se asemeja al querido y nostálgico Mantecol.
También hay un par de mesas en el local, para quien busque hacer una pausa y acompañar sus dulces árabes de un café, hecho al estilo del Medio Oriente, bien tostado y con cardamomo, preparado en un jarro de bronce.
Y no podía faltar en un local como este el mundialmente famoso chocolate Dubái, con ese relleno de kataifi y pistacho que se hizo viral en el último par de años y que acá se vende en barra o en pedazos de $1.000 cada uno, por si alguien quiere probarlo sin gastar de más. Para cerrar, pruebe también sus helados árabes, hechos con flor de orquídea, pistacho y agua de rosas, bañados en miel, salsa de pistacho o leche condensada.
Chef Fadi es una pastelería árabe con una refrescante oferta, distinta a la que encontramos en la mayoría de otros locales de ese tipo. Ideal para abastecerse antes de una gloriosa once o para regalonear a alguien especial con unos ricos pasteles para endulzar estos días helados.