Con lo rápido que se mueve el mundo, pocas veces hay tiempo para darse una pausa en la montaña. La cordillera está siempre ahí, a vista de todos desde casi cualquier punto de Santiago salvo cuando unos edificios lo impiden, y aun así puede pasar un año entero sin que uno se acerque a ella. Ruhe Lodge es una cafetería y restaurante recién abierta en el camino a Farellones que invita a hacer ese trayecto y a desconectarse, sin la necesidad de pedirse días o tomarse vacaciones porque está ubicado a poco más de media hora del centro, en lo que era la casa familiar de su dueña, Tiare Takamiya.
La construcción está a un costado del río, entre árboles, donde el asfalto empieza a angostarse y las curvas camino a la montaña se vuelven más frecuentes. Es una casa amplia, de adobe encalado con vigas de madera a la vista y grandes ventanales. Adentro, el lugar se siente cómodo por el techo doble altura, la abundante luz que entra y el mobiliario de material noble. Afuera, entre la abundante vegetación hay una explanada para que corran los perros y jueguen los niños, y una bosca al aire libre alrededor de la cual es posible sentarse para capear un poco el frío.
Ruhe significa «calma» en alemán y el nombre no podría estar mejor puesto.
La propuesta de Ruhe Lodge es la de una cafetería que también funciona muy bien a la hora de almuerzo. Trabajan con un blend de cafés latinoamericanos tostados en Chile y cuentan con todas las opciones clásicas de cafés que llegan servidas en tazas de cerámica que Tiare modela junto a su madre en su tienda Aguamarina (@aguamarina_ceramica). Las mismas tazas se venden en el local, así que tomarse un flat white ($4.100) o un espresso ($2.500) puede terminar siendo una decisión de compra.
Sus pizzas son otra razón más para visitar este refugio en la montaña. De masa madre, esponjosa y resistente pero fácil de masticar, dan cuenta del buen trabajo en cocina del chef Francisco Camilo Perucci, de amplio recorrido gastronómico en catering, restaurantes y banqueteras que hace algunos años se fue a vivir a la zona antes de llegar a liderar, junto a la chef Tabata Sambiasi, la cocina de este local.
Pruebe la Pizza de Temporada Veggie ($15.900) ensambla queso azul, higos en almíbar de la parcela y nueces tostadas, una combinación que casi nunca aparece junta en una pizza chilena: el dulce viscoso del higo, el penetrante queso azul y el leve amargo de la nuez, convive en una adictiva armonía.
También encontramos en su carta opciones clásicas de brunch como los Huevos Turcos ($7.500), con un picor más atrevido que la mayoría de las versiones santiaguinas, abundante yogur de base, menos herbal y más cremoso, con dos huevos pochados encima para bañar el plato con con yema. Viene con tostadas de pan hecho en casa, que sirven para untar en la golosa mezcla. También está el Croissant Parisiano ($5.900) en su tradicional formato con jamón y queso fundido dentro de un croissant que, como buena parte de su bollería, está hecho en casa.

Para el resto del día hay sándwiches como el Itálico ($11.900) con prosciutto, pesto, tomate sechi y queso de cabra; o el Veggie Mediterráneo ($10.900) con humus, peras en aceto y cebolla caramelizada, y ensaladas de temporada.
El «lodge» del nombre todavía está por venir. En abril de 2027 sumarán habitaciones matrimoniales, twins y una habitación nido con camarote para cuatro, pero por ahora funciona solo como cafetería y restaurante. Ideal para una escapada de fin de semana con la familia, una parada antes o después del ski, o una mañana de sábado larga en un hermoso entorno montañoso.