A pasos de Avenida Matta, detrás de un cartel blanco que solo dice «Lugar para comer», está Hasta que te encontré, tras un pasillo largo con baldosas gastadas, fotos enmarcadas, zapatillas viejas colgando del techo y figuritas de porcelana que parecían haberse quedado en los setenta. El comedor del fondo está chueco y nada parece estar muy bien diseñado, lo que no le quita nada de encanto. Francisca Vilches y Fernando Domínguez llevan desde 2018 transformando un viejo comedor en algo que no se parece a ningún otro restaurante de la ciudad y además, tienen un rental de objetos antiguos a dos puertas. El almuerzo es un menú casero que cambia cada semana: consomé de pollo que recuerda al de la infancia, una milanesa que se sale del plato por los dos lados, pescado frito con papas cortadas a mano. A veces hay música en vivo y siempre un animado ambiente.