Abril 1781 es una de esas cafeterías a las que rápidamente los vecinos comienzan a acudir por costumbre. A varios les queda en el camino entre la casa y el trabajo, atienden las mismas caras de siempre y la visita diaria termina siendo tan parte de la rutina como sacar a pasear al perro. La sociología llama a este tipo de recintos «el tercer lugar», ese espacio de encuentro que no es la casa ni la oficina y que cualquiera que tenga una cafetería regalona lo entiende.
En Gorbea, a pasos del metro Toesca, esta acogedora cafetería de tres mesas en apenas dos años se ha ganado ese estatus en la vida de muchos de sus vecinos. Un lugar al que sus parroquianos acuden a diario y en algunos casos hasta más de dos veces en una misma jornada. En la mañana, por un americano antes de empezar el día, al mediodía para comer algo rápido y en la tarde para abrigar el cuerpo con alguno de los bien logrados mocktails que tienen en su propuesta.
Javiera Godoy, una de sus dueñas, nació en abril y fue en ese mes cuando eligieron junto a su socio, Manuel Muñoz, que la cafetería debía llevar ese nombre. Muñoz es chef y Godoy es bartender, ambos con años de experiencia en el rubro. Encontraron el local en arriendo y decidieron combinar sus oficios en un concepto de cafetería de especialidad al paso, con una barra de mocktails en base a cafés y tés que no tiene muchos equivalentes en el sector. Cafeterías de especialidad hay varias, pero una carta con diez bebidas de autor sin alcohol, trabajadas con técnica de bar de alta gama, es otra cosa.
La base de Abril 1781 es la de cualquier buena cafetería de especialidad. El café lo tuesta Artisan Roast, los tés y pulverizados son de Anamaya, con opciones de Basilur para quienes pidan simplemente una bolsita. Cuentan con todas las bebidas clásicas de cafetería como espresso ($2.750), americano ($2.900), cappuccino ($3.500) y también con bebidas preparadas como el dirty chai ($4.500), el espresso tonic ($4.000) o el affogato ($4.300).
Lo distinto empieza cuando se pide algo de la carta de autor. En muchos lugares estas bebidas se resuelven con un shot de café, un syrup comercial y una bebida gasificada, pero acá la propuesta de valor está en el cuidado que ponen en estas preparaciones. Producen sus propios syrups, óleos, deshidratados, polvos, cueros y macerados, siempre con fruta fresca, orden y meticulosidad en sus procesos. Por lo mismo, la carta cambiará semestralmente según la disponibilidad de productos.
Hay creativas opciones como el Casi Navegado ($4.490), que parte como una infusión de té negro, hibisco, frutas de estación y especias, que después se mezcla con zumo cítrico, óleo saccharum de naranja y un syrup de canela y clavo. El resultado es lo que el nombre promete y suple por completo ese -tan invernal y chileno- impulso de tomar navegado, con la ventaja de que, al no llevar alcohol, se puede pedir un martes a las diez de la mañana sin que nadie vaya a juzgarte.
Para los días más helados está el Sunset Masala ($4.990), una reversión del dirty chai que junta leche, masala chai de Anamaya, espresso, óleo de naranja y el mismo syrup de canela y clavo de la casa. Notas a especias navideñas y un picor agradable, bien marcado.
En esta temporada la carta se inclina hacia lo caliente, pero también hay bebidas frías como el Otro Espresso Naranja ($4.190), con zumo de zanahoria y naranja, syrup de jengibre con hibisco y espresso, todo shakeado con Halo, una solución vegana que le suma espuma a la preparación. Fresco, equilibrado y ligeramente cremoso, un mocktail que demuestra el oficio de la bartender que lidera la barra.
Para acompañar, la cosa es más sencilla. Como el local es pequeño no cuentan con cocina propia, así que arman su vitrina con los productos que más les gustan de distintos emprendedores, donde se pueden encontrar desde galletas craqueladas o una NY Cookie de Lotus para quienes quieran resolver de forma rápida, hasta sándwiches como el de croissant con pollo asado, láminas de palta, mostaza By María y mix verde ($4.700).
A la hora de almuerzo no hay carta propiamente tal, pero sí una solución concreta. Cada día preparan distintas sopas y cremas ($3.900) que van cambiando según lo que haya, pensadas para quienes trabajan cerca y necesitan resolver rico y rápido, sin sentarse una hora a la mesa.
También hay helados estacionales de El Taller, así que los sabores de la vitrina van rotando según la temporada. Los hay en formato simple ($4.100) o doble, y también venden potes de medio litro ($7.990) para llevar.
Parada ideal para los vecinos del sector, para quienes anden de paso por el barrio o para curiosos que busquen probar una novedosa propuesta de mocktelería caliente.