En la transitada calle Isidora Goyenechea, el antiguo Oporto Steak Bar cambió su nombre a Oporto Salvaje y dio inicio a una reinvención de su propuesta. Lo que alguna vez fue un espacio centrado casi exclusivamente en la parrilla hoy es un restaurante all-day que responde al acelerado ritmo de un barrio corporativo. Nuevo logo, nuevo nombre y un formato que abarca desde el desayuno hasta la noche, de la mano del chef Giancarlo Mazzarelli, quien conserva la raíz carnívora pero la expande hacia una propuesta más amplia y contemporánea.
Abren sus puertas temprano, a las 8:00 am, cuando la cafetería Espress Hood toma el mando con su café de especialidad tostado hace menos de un mes. Ofrecen bollería clásica de cafeterías y sándwiches preparados al momento. Lo interesante es que funciona dentro del mismo restaurante, con atención a la mesa, lo que transforma el espacio en lugar ideal para una pausa de ejecutivos antes de entrar a la oficina. Con esto buscan ampliar los usos del lugar y conectarlo con las dinámicas diarias del barrio.
La segunda apuesta se concentra al mediodía, con una carta ejecutiva de diez fondos rotativos más salad bar, disponible de lunes a viernes por $16.500. El objetivo es atraer al público oficinista del sector con platos sabrosos, ágiles y una propuesta amplia que evite que se vuelta rutinario.
Destaca su Angus braseado sobre Ñoquis cuatro quesos, una reconfortante combinación que no falla; la Merluza Austral frita con papas nativas y mayonesa de alcaparras, que tan bien sienta en estos días primaverales; y el Atún sellado en sésamo con puré de topinambur y chips con salsa de adobillo, uno que no falla.
Al caer la tarde, Oporto Salvaje muestra su faceta más creativa con una carta de tapeos y platos de autor. Varios de ellos están inspirados en los viajes del chef por Asia, reinterpretados con insumos locales y presentaciones que llaman la atención apenas llegan a la mesa.
El árbol de wontón ($12.900) es una gran forma de comenzar. Seis piezas rellenas de camarones y angus braseado que se presentan en una estructura vertical pensada para compartir y comer con la mano. El tiradito de ostiones de glaciar ($14.900), servido con leche de tigre de rocoto y ensalada chalaca, resalta la frescura de nuestro producto marino.
En clave más elegante, el raviolón de centolla patagónica ($24.900) combina concassé de tomate, salsa de parmesano, ikura de salmón y microbrotes de albahaca en otro plato donde el mar es protagonista.
Para quienes no renuncian a la parrilla, la entraña brava ($24.900) ofrece 200 gramos de carne americana acompañada de papas rústicas, huevos de codorniz, cebolla caramelizada y salsa brava, recordando el origen de la casa pero con un montaje renovado.
Para cerrar ofrecen cinco opciones de postres. El crème brûlée de manjar ($7.300) juega con la identidad chilena al incorporar lúcuma y nueces en lo que es un claro guiño a la infancia. Por su parte, el fudge de chocolate 70% ($7.500) se sirve acompañado de un helado de vainilla de Madagascar elaborado en casa y tres salsas: manjar fresco, salted caramel y chocolate amargo. Ambos están pensados para 1 o 2 personas, invitando a compartir y cerrar la velada con un broche dulce.

Con esta nueva etapa, Oporto Salvaje logra ser versátil y apuesta a que el flujo que se mantenga constante durante todo el día. Café y bollería para iniciar el día, un almuerzo ejecutivo competitivo para el oficinista y tapeos de autor para cerrar la jornada entre amigos o en un after office. Una reinvención que propone un relato gastronómico más amplio, entendiendo a su público y el sector donde está emplazado.