Fotografías: Constanza Larrondo
Gracielo es uno de esos bares que aparecen en la conversación cuando alguien pregunta dónde llevar a una cita, celebrar un aniversario o salir de copas con un grupo grande de amigos. Lleva años instalado entre los nombres fijos de la noche en Providencia y se explica, en gran parte, por su entretenida coctelería de autor y el cautivante espacio en el que está instalado.
La casona patrimonial de Cirujano Guzmán 194 -antigua casa de Carlos Ibáñez del Campo- hoy opera como Gracielo, un bar bajo el paraguas del Grupo Culebra, el mismo detrás de Hitomi Tomi, Guachita Culebra y Rossie La Loca. Cuenta con tres pisos con salones, donde los dos primeros están muy bien resueltos en su decoración y diseño, pero el favorito de todos es el rooftop del tercer piso.

El rooftop funciona como una terraza semicerrada para protegerla del frío y permitir que se use a lo largo de todo el año. Desde ahí aparece, al otro lado del San Cristóbal, una linda imagen de la Virgen iluminada cuando cae la noche. Hay música pop a volumen conversable, una larga barra principal a la vista donde se puede ver de cerca cómo ocurre la magia y ofrece atardeceres difíciles de encontrar en la ciudad. Es el espacio más relajado de los tres y el que primero agota las reservas.
Ahora, con una última renovación de su carta de coctelería en abril de 2026, dan un salto técnico y cualitativo para afinar una propuesta que se complementa con una cocina, muy de bar, con platos para el centro de la mesa.
Su renovada carta de coctelería de autor, diseñada por el jefe de barra Alan Jiménez y su equipo, suma nuevas opciones que apuntan a distintos perfiles de comensales y paladares. El favorito de quien escribe, es el Sangriento Valentín ($7.900). Gin, jerez, cordial de manzana, vainilla y carmenere arman un perfil seco y elegante, con un golpe dulce que aparece recién al final del sorbo. Llega con aceitunas rellenas de mermelada de manzana que, al morderse, cambia los sabores y suma nuevas capas. Un golazo.
Más en la línea de los cócteles cítricos y refrescantes encontramos al Diva Pop ($7.900), una mezcla de vermut blanco, vodka, yuzu cordial, agua miel y limón, rematado con una gomita de yuzu -bien ácida- para intercalar con el cóctel. Refrescante, fácil de entender y de tomar, con un atractivo punto ácido que se matiza al morder la gomita. Otro de los nuevos es el Pecado Rosa ($7.900), con vino blanco, vodka, licor de saúco, cordial de frutilla, piña, limón, top de angostura, cabritas saladas y cambucho.
Con más sentido de espectáculo fue creado el Luna Llena ($8.500). Gin, licor de saúco, syrup de uva, ácido cítrico y té de mariposa dan como resultado un cóctel pensado para paladares más dulces y bien instagrameable, con un azul que se vuelve fucsia al moverlo.
Y es imposible no destacar los mocktails, que bien favorecidos salieron de este upgrade. El Free Spritz ($5.600), es todo lo que un mocktail debería ser. Cordial de manzana y vainilla, piña, pomelo y tónica pink combinan para un brebaje efervescente, sin el empalagoso dulzor que tiende a invadir estas opciones. Servido en un copón, es una alternativa segura para cualquier cóctel tipo spritz.
También está el Cola de Tigre ($5.400), con zumo de naranja, cordial de arándanos, shot de café y top de tónica, muy en la línea del cada vez más popular espresso naranja.

Y para comer, en Gracielo la propuesta incluye varios platos bien reconocibles y cartas seguras de distintos restaurantes, pero con un giro y en formato para el centro de la mesa. Las Croquetas del trono ($10.900) son ideales para comenzar. Seis bolitas doradas que crujen al morder y ceden a una masa cremosa de carne mechada. Van rayadas con una mermelada de pimentón que aporta dulzor y un fondo ligeramente ácido, además de media lima para cortar la grasa.
Otro finger food para partir abriendo el apetito es El Favorito del Rey Pollo ($11.900), chicken tenders a la gringa, de pechuga envuelta en un apanado fino, terminados con una salsa a base de gochujang que aporta ese rico dulzor y picor coreano. A su lado, una ensalada vietnamita que ayuda a aligerar los bocados.
También con la mano se pueden comer su plato de conchas, los Ostiones Bruma Costera ($16.900), cubiertos de parmesano gratinado y mantequilla de ajo.
Más liviano es el Tiradito Real ($15.900), cortes de salmón fresco que descansan sobre una suave leche de tigre, con palta, chalaquita crocante, crujiente de nori y ají amarillo. Bien peruana, otra de esas preparaciones que terminan siendo best seller en todas partes.
El Carpaccio Real Dorado ($15.900), en la misma lnea del tiradito, trae finísimas láminas de carne, con toques de limón, encurtidos y puntos de mostaza dulce. Encima, lascas de parmesano y unos rechonchos e irresistibles alcaparrones, que además armonizan bien con prácticamente cualquier cóctel.
Y si lo que busca es algo más parecido a un plato de fondo, está La Joya del Rey ($28.900), una entraña nacional de buen calibre, al punto justo, rosada por dentro y con costra parrillera, como debe ser. El jugoso corte llega con papas rústicas y vegetales asados en hierbas, así que no se necesita ni pedir algo para acompañar.
Para cerrar, el Manjarate Posh ($7.900), por su efecto nostálgico, es apuesta segura. Manjar sedoso cubierto de merenguitos y galletas, como queriendo emular el sabor de la infancia chilena en un plato para adultos.
A cinco años de su apertura, Gracielo continúa siendo una carta segura dentro de las opciones que ofrece la bohemia capitalina. Lugar ideal para visitar con amigos, celebrar un aniversario o para por fin conocer a ese match que desde hace tanto tiempo vienes postergando.