En una casona centenaria de Cirujano Guzmán que perteneció al expresidente Carlos Ibáñez del Campo, Gracielo lleva años instalado como uno de los fijos de la noche santiaguina. Tres pisos y un rooftop semicerrado con vista al San Cristóbal funcionan tanto para una cita como para un aniversario sin apuro.
La coctelería acaba de estrenar carta. El Sangriento Valentín ($7.900) —gin, jerez y carmenere— llega seco y elegante, con aceitunas rellenas de mermelada de manzana que cambian el trago al morderlas. El Diva Pop ($7.900) apuesta por lo refrescante con vermut blanco, vodka y yuzu cordial.
La cocina acompaña con platos para compartir sin ceremonia: croquetas de carne mechada con mermelada de pimentón ($10.900), carpaccio con mayonesa de trufa ($15.900), chicken tenders con gochujang ($11.900) y una entraña al punto que hace honor a su nombre, la Joya del Rey ($28.900).