Pocas personas asocian las calles Abate Molina y Unión Americana con gastronomía. Quedan a un par de cuadras de la Alameda, muy cerca de Estación Central, en una zona que la mayoría conoce por el Barrio Meiggs o los malls chinos, la ropa barata, las carcasas de celular y los productos de hogar a precios más bajos que en el resto de Santiago.
Pero hay cada vez cosas más interesantes ocurriendo ahí. La comunidad china lleva años instalada en este sector y ha ido construyendo de a poco una red de comercio que hoy reúne cientas de tiendas, centros comerciales y supermercados. A mediados de 2024 se inauguró un pórtico de 12 metros en la intersección de Grajales con San Alfonso -pilares rojos, dragones, caracteres chinos, 25 toneladas de peso- y el barrio empezó a tener un aire distinto. Hay hasta hay un galpón entero dedicado a artículos para perros, a pocos metros de una peluquería canina.
Lo que nos que nos trae hoy, en específico, son las calles Abate Molina y Unión Americana, donde hay cada vez más movimiento. Locales de fideos estirados a mano, una pescadería con precios muy por debajo del mercado, un supermercado donde uno puede pasar horas perdido entre salsas y condimentos impronunciables o un nuevo spot de bubble tea. La oferta gastronómica del barrio se ha puesto más auténtica, más variada y está atrayendo a foodies y curiosos que llegan dispuestos a comer rico y barato.
Antes de ir, dos datos prácticos. Lleva bolsas grandes porque vas a querer cargar productos del supermercado, de la pescadería y probablemente de algún mall por el que te desvíes en el camino. Y lleva efectivo porque no en todos los locales aceptan tarjeta.
Si hay un plato que resume lo que está pasando en el barrio, es el lamian. La palabra viene del chino: lā significa estirar y miàn significa fideo. Son fideos de trigo hechos a mano, estirados al momento por las cocineras y su origen está en Lanzhou, una ciudad del noroeste de China que fue punto clave de la Ruta de la Seda. La cocinera toma un bloque de masa, lo estira, lo dobla, lo vuelve a estirar y con cada repetición los fideos se duplican y se afinan hasta quedar del grosor deseado. Todo en unos pocos minutos.
En los últimos años, los locales de lamian se han multiplicado en el barrio y también en otros puntos de la ciudad. Uno de los que ha sonado últimamente es One Noodle (Abate Molina 475), un proyecto familiar liderado por tres mujeres de Lanzhou -Fiona, su madre Wang Yan y su tía María- donde todos los platos cuestan $7.000 y los fideos se estiran a la vista, frente a los comensales.
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Pero no es el único. En la esquina de Abate Molina con Gorbea hay otro local de lamian, y un tercero por Unión Americana, casi llegando a Gorbea. En ambos el público sigue siendo mayoritariamente chino, aunque poco a poco empiezan a verse más jóvenes aficionados a la cultura asiática y foodies curiosos que llegan por recomendación o porque lo vieron en TikTok. En un Santiago donde un ramen japonés ronda los $10.000 y puede superar los $15.000, encontrar fideos estirados a mano por $7.000 en un caldo que lleva horas de cocción es un dato que prolifera rápido.

En otra de las esquinas de Abate Molina con Gorbea hay un supermercado chino del que no querrás salir. Es uno de esos lugares donde puedes pasar media hora recorriendo pasillos y salir con una bolsa de productos que no encuentras en ningún supermercado convencional de Santiago.
Las repisas están llenas de salsas, sopas instantáneas, condimentos y productos clásicos de la despensa china. Ahí encuentras, por ejemplo, la clásica Laoganma, la salsa de ají en aceite más famosa de China, reconocible por la foto de su creadora en la etiqueta roja, además de frascos de Laoshiren, los ajíes chaotian conservados en aceite que levantan cualquier preparación. Hay pastas de sésamo, vinagre de arroz negro, salsas de ostión, fideos secos de todo tipo y grosor, tofu en distintas presentaciones y especias que en otros lados de la ciudad te costarían el doble o simplemente no existen. Hay snacks que la única forma de saber a qué saben es arriesgándose a comprarlos, verduras asiáticas y hasta productos en base a carne.
Para quien disfrute de cocinar en casa y quiera subir el nivel de sus salteados, sopas o marinadas, es un dato imprescindible.

Por Abate Molina, a la altura del 450, abrió una pescadería que merece atención especial, sobre todo ahora que se acerca Semana Santa. Los precios están, en muchos productos, bastante por debajo del mercado.
Puedes comprar cocochas, ese corte gelatinoso y jugoso que sale de la parte inferior de la barbilla de la merluza, pejerreyes, salmón, distintas especies de camarones y varios tipos de cabeza de pescado congeladas. Pero la gracia está en los mariscos vivos. Tienen piscinas con langostas, lapas, almeja juliana, la misma que en Italia y España llaman vóngole, cangrejos de caparazón blanda y ostras japonesas, entre otros dependiendo de la disponibilidad. Todo con rotación constante y precios que definitivamente justifican el viaje.

También en Abate Molina, Xiang Man Lou es un restaurante que funciona en dos registros. Por un lado, tiene una carta de cocina china adaptada al gusto local, con platos grandes y generosos que alcanzan tranquilamente para dos comensales. Por el otro, ofrece preparaciones tradicionales para quienes buscan algo más auténtico.
En la carta encuentras pato pekín, char siu, un cerdo asado cantonés, lacado y ligeramente dulce, y varias opciones de dim sum, con baos y gyozas. Pero donde el restaurante se luce es en los cheung fun, los rollos de arroz al vapor, un plato sencillo con láminas finísimas hechas con harina de arroz, cocidas al vapor y enrolladas con distintos rellenos: carne de charsiu, camarones frescos, carne picada con huevo, carne vacuno y otros. Es un clásico del dim sum cantonés que rara vez se encuentra en Santiago.


En Unión Americana, entre Gorbea y Grajales, abrió hace pocos meses Cha Tea, un local especializado en bubble tea, la bebida que combina té con perlas de tapioca masticables y que desde los años 80 viene conquistando paladares fuera de Asia. Imagina un té con leche frío al que le agregan bolitas gomosas de almidón de yuca en el fondo, que sorbes con un pitillo grueso y que le dan una textura completamente nueva a cada trago. Muy adictivo y cada vez más popular entre las generaciones más jóvenes.
Cha Tea funciona como un spot tipo Starbucks pero dedicado exclusivamente al boba. La carta es amplia: tés rojos, jazmín y matcha con leche, versiones con taro, mochi, frutilla, coco y maracuyá, jugos frescos de fruta, granizados y hasta café. Prueba el Bobas morena milk tea ($3.500), el best seller y recomendado de la casa. También tienen una pequeña oferta de bollería: rollitos de tocino con queso y choclo, pan de ajo con queso crema, bagels de arándanos, todo a $3.000.
Puedes ajustar el nivel de azúcar y la cantidad de hielo a tu gusto, en caso de que prefieras una bebida menos empalagosa.