Sábado. Diez de la mañana. Dos tinto de verano, un bloody mary, una cerveza y un café americano llegan a la mesa mientras esperamos a que la cocina termine de lanzar los platos. El alargado comedor principal de El Camino Diner, sitúa a quienes han visitado Estados Unidos, en esos tradicionales comedores gringos de carretera con una barra alargada, tonos rojizos y una mesera paseando con la jarra de café. A quienes no conocemos este tipo de locales, más nos lleva a recuerdos de películas. A escenas memorables como la de Pulp Fiction, donde el personaje interpretado por Samuel L. Jackson desayuna con su compañero (interpretado por John Travolta) y le explica, entre tazas de café y pancakes, por qué no come tocino ni nada que venga de un cerdo, justo antes de que la película se vuelva más tarantinesca y una pareja decida asaltar el local.
El Camino Diner está en la esquina de Padre Letelier con Los Conquistadores, en Pedro de Valdivia Norte, un barrio donde se pueden avistar grupos de ciclistas que suben raudos al San Cristóbal mientras otro grupo, seguramente menos deportista, hace fila para entrar al local. Detrás está Michelle Letelier, quien en los últimos años ha logrado construir un local que ha tomado la identidad norteamericana y la ha vuelto propia, con una propuesta única y horarios que también apuntan a otro público. Abre a las ocho de la mañana todos los días y es de los pocos (si es que no el único) lugar que tiene construida una carta completamente en torno a desayunos y cócteles o como bien conceptualizan en su idioma: breakfast and cocktails all day, every day.
La carta está pensada para que el desayuno no tenga hora de término. Se divide en Breakfast, House Favorites y Lunch & Dinner, pero es cosa de observar las mesas para darse cuenta de que las fronteras son difusas porque cada uno pide lo que quiere, en cualquier horario. En Santiago el desayuno fuera de casa se volvió un panorama de fin de semana, lo que explica también en parte el inusitado éxito que ha cobrado el formato de brunch. Acá, una buena parte del público viene buscando eso, pero lo cierto es que el desayuno se estira hasta la noche, lo que convierte a este restaurante en una tentadora opción para recuperar los kilos perdidos con la subida al cerro.
Padre Letelier 0203, Providencia, Región Metropolitana
Horarios, carta, reservas y más
Para ser feliz, el camino está bien trazado. Olvídese por un día de la dieta y de las absurdas convenciones que nos restringen de beber alcohol antes del mediodía y déjese tentar por una carta que se sostiene especialmente sobre la buena selección de la materia prima con la que trabajan.
Una de las nuevas adiciones a la carta es en realidad una variante del Pastrami Reuben ($17.000), un sándwich de pastrami, emmental, chucrut y una versión propia de la clásica salsa hamburguesera mil islas. En la carta, abajo y como una instrucción en letra chica aparece «make it a Ted Danson«. Pedido así, el pastrami se cambia por pavo ahumado, que llega apilado en capas generosas que se asoman por los bordes del pan. El conjunto tiene esa mordida blanda y un poco elástica que en inglés llaman chewy, complementada por la acidez del chucrut cortando la grasa del queso derretido.
Más pequeño, pero no menos sabroso es el Sausage & Egg Muffin ($8.000), uno de esos clásicos de la casa que dejarían más de algún viudo si lo sacaran de la carta. Entre las dos tapas tostadas de un english muffin de Krumbs va un huevo frito, una lámina de queso americano que se derrite hacia los bordes y una breakfast sausage aplastada en la plancha como si fuera la patty de una hamburguesa, ese clásico embutido de carne de cerdo molida con salvia, pimienta negra y un toque dulce que hace que se sienta completamente alejada a las versiones locales. No se prive de pedirlo en su versión Supreme, que por $1.500 suma un hash brown, una papa rallada y frita que es justamente el elemento crocante que le falta.
Cualquiera que haya almorzado en la cafetería de un hotel probablemente tiene archivado el club sándwich en su memoria gustativa. El Camino Club ($16.000) trabaja sobre ese recuerdo y le suma pisos, porque al pavo ahumado se agregan jamón cocido, tocino, cheddar, lechuga costina, tomate y una mayonesa de limón, todo en molde brioche, más dulce y mantequilloso que el molde tradicional.
Si hay un plato para medir la materia prima de la que venimos hablando, es The Lumberjack ($15.500), donde conviven la breakfast sausage, unos regordetes cortes de tocino de un centímetro, hash browns, una tostada de brioche y dos huevos que se pueden pedir over-easy (dados vuelta en la plancha, con la yema todavía líquida en su interior). Se le puede sumar un pancake o palta por $3.500 cada uno.
Y su bien lograda propuesta coctelera está presentada de forma que permite orientarse. Dividen sus cócteles en clásicos (espresso martini, sour, paloma, entre otros), de verano (tinto de verano o shandi, que es un schop con limonada) y de desayuno, donde incluyen aquellos que pertenecen a esta categoría que de a poco se van metiendo entre los aceptados para beber -como en este caso- un sábado a las diez de la mañana: mimosas, micheladas y bloody mary.
Hasta las 10 de la mañana cualquier desayuno puede sumar café y jugo de naranja por $3.500, y la llamada «Hora Feliz» empuja en la misma dirección, con el Lumberjack a mitad de precio los lunes y martes temprano y, de miércoles a viernes entre las siete y las nueve de la noche, un 50% de descuento en los desayunos bajo el nombre de Breakfast for Dinner.
El Camino Diner también es uno de los restaurantes de Santiago que mantienen una parrilla programática activa, con fechas que se repiten durante el año y que funcionan como excusa para salirse de la carta y probar algo distinto. Buena parte de ese calendario traduce fiestas gringas al barrio, como un Cinco de Mayo con margaritas ilimitadas o la celebración de Navidad en pleno julio, con Viejito Pascuero, una competencia de ugly sweaters y vino navegado, para celebrar como en el hemisferio norte.
Algunas ya llevan varias ediciones como el Chili Cook-Off, donde varias cocinas presentan su receta y el jurado son los mismos asistentes, que prueban con cornbread y cerveza en mano antes de votar. Otras veces la cocina se abre a colaboraciones con locales amigos, desde un festín marino con torre de mariscos y clam chowder junto a Con Agallas hasta una noche de spaghetti con albóndigas y pizza junto a Pedro es una Pizza, o un Breakfast & BBQ con las costillas de CuracaRibs.
Ideal para quienes siempre sospecharon que el bloody mary es una bebida de desayuno, o para una mañana con amigos que no logran ponerse de acuerdo entre desayunar o almorzar. Se recomienda llegar temprano porque se forma fila, especialmente los fines de semana. También es posible reservar, previo pago de $2.000 por persona.
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