Entre la cada vez más rica propuesta gastronómica que ofrece Valparaíso, el desayuno y el brunch no se han quedado atrás. Cada vez hay más personas que en lugar de una cena por la noche optan por reunirse de día, con una mesa larga de fin de semana que parte tarde y se estira hasta pasado el mediodía. La ciudad tomó nota, y hoy varios locales porteños se toman la mañana tan en serio como la noche.
Reunimos cuatro de esas direcciones, repartidas entre los cerros, con estilos distintos que van desde bollería y panadería con masa madre hasta una cafetería de especialidad con sandos, probados y aprobados por Guía Comino.
Braulio Tapia llevaba años con Panba, la panadería al paso de calle Serrano, hasta que la mudó a una casona del Cerro Concepción y le puso mesas. Eso lo cambió todo. Ahora te sientas con calma, pides un café de tostaduría local y lo acompañas con el pan de ají, ese hojaldre dorado con un ají asomando por un extremo que es ícono de la casa desde siempre. Con la mudanza llegó la patente de alcohol, así que un Negroni a media mañana es opción válida.
Empezó como un desayunador sencillo y, plato a plato, se ganó la hora de almuerzo hasta volverse un fijo del puerto. El berlín de crema pastelera y manjar es el que todos vuelven a pedir, esponjoso y dulce sin empalagar. Pero hoy también se va a almorzar. Las croquetas de jaiba salen por montones y, como trabajan con la Caleta Portales, siempre hay pescado y marisco fresco, hasta navajuelas a la parrilla. Todo en un caserón a los pies de la escalera Beethoven, con balcones que miran el puerto subir y bajar.

En el Paseo Dimalow, Wip funciona como cafetería de especialidad con tostaduría propia, así que el café se tuesta en casa y se nota. La barra de origami marca el tono de un lugar cuidado hasta en el detalle. Acá, eso sí, los sandos son los protagonistas, sándwiches japoneses de pan suave y relleno generoso, hechos con cocina casera. Buen punto para parar a media mañana y salir con algo más sustancioso que solo un café.
En calle Pilcomayo, a pasos de la Iglesia Luterana, Belén Godoy y Esteban Vandorse llevan una cafetería ciento por ciento vegana que no hace ruido con eso. El foco está en el café de especialidad y en una bollería artesanal que no extraña nada. Funciona para sentarse a trabajar, leer o quedarse un rato largo entre plantas. De la carta salen cosas como la tostada brioche con hummus, tomate cherry y pesto, el roll de pistacho y frambuesa o el sándwich mechadito.