Fotografías: Aliño Estudio
Eduardo Cid (ex Bar La Providencia), junto a Esteban Ruiz y Pablo Melys acaban de estrenar Lola Bar, un nuevo cocktail bar ubicado en Francisco Bilbao 1315, casi en la esquina con Av. Manuel Montt.
El nombre viene de Lola Flores, la cantante y actriz española que en su época hizo todo lo que no se suponía que debía hacer una mujer en el espectáculo. Fue rupturista, atrevida, incluso incómoda para algunos. Les pareció que ese espíritu le hacía justicia a lo que querían construir.
Desde afuera, es fácil reconocer el local. Toda su fachada es negra y tiene un gran cartel de luces de neón rojas con el nombre. Difícil no verlo. Adentro el espacio sorprende por su amplitud. Era una panadería en los años 40 y mantiene los techos altos y algunos de los ladrillos originales donde se pueden ver las marcas de los viejos hornos. En el centro del techo hay un tragaluz que durante el día permite la entrada de luz natural, pero de noche el ambiente es con luces tenues, más íntimo.
La decoración se mueve entre lo elegante y lo industrial sin que ninguno de los dos gane por completo. Hay sillas de terciopelo y mesas de madera, plantas ubicadas cuidadosamente y un tapiz que le da un aire selvático al interior. La barra es lo que da la bienvenida cuando entras. Negra, con un vidrio de fondo donde se ordenan las botellas que pronto serán vaciadas por sus comensales.
Lola Bar apuesta por una coctelería de autor con una propuesta conceptual acotada y bien ejecutada, acompañada de una cocina de bar con platos para compartir, sándwiches, papas fritas y algunos fondos para quienes prefieran ese formato.
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La destacada bartender Camila Aguirre es la responsable de la carta de cócteles y llegó con una idea clara: trabajar con flores que crecen en los parques de Santiago. Lavanda, caléndula, malva rosa, cedrón y varias otras. El concepto es rescatar esa botánica urbana que está a la vista de todos pero que nadie ve. “Queremos que quienes pidan un cóctel entiendan la riqueza natural de los parques que tenemos en la ciudad”, explica Camila.
La carta de autor tiene por ahora cinco opciones, aunque la idea es ir sumando otras nuevas. Pruebe el Domingo en Bustamante ($8.500) un cóctel tipo Tom Collins, ese formato en vaso highball que mezcla destilado, cítrico, azúcar y soda. Acá lo hacen con pisco infusionado en lavanda, toques de limón y soda. De esos cócteles que funcionan bien en cualquier momento de la noche.
El Mediodía en Quinta Normal ($7.900) es su versión del spritz, especialmente popular en época de verano. Espumante, vermouth bianco, syrup de caléndula y burbujas de soda. De esos tragos que en un día de calor desaparecen del vaso sin que uno se dé cuenta.
Otra reversión es el Atardecer en el Inés de Suárez ($8.900). Aquí toman el cosmopolitan -cóctel noventero a base de vodka, triple sec, jugo de arándano y limón- y lo reinterpretan con vodka infusionado en malva rosa, frutilla, licor de naranjas y un cordial cítrico para darle acidez.
Para los que prefieren lo conocido, hay siete opciones de sours (o «Sawers», como los bautizaron acá) como el Chardonnay Sour, el New York Sour o el cada vez más popular Disaronno Sour. También sumaron mocktails para quienes no toman alcohol. No pierda la chance de probar el Línea del Parque O’Higgins ($6.000), té verde, syrup de cedrón, jugo de pomelo y ginger beer. De dulzor controlado, lo que se agradece especialmente en el caso de mocktails. Planean seguir ampliando esta sección.
Y aunque estamos hablando de un bar, la cocina de Lola no se queda atrás. A cargo está Jorge Soto, un chef de 27 años que volvió hace poco a Chile después de trabajar en Hawái, Perú, Francia y Estados Unidos. De ese recorrido se nutre lo que cocina, con mezclas que toman elementos de distintas partes y los juntan de formas que tienen sentido.
Las Flautas Bien Puestas ($16.990) son un buen ejemplo. Vienen con mole hecho en casa y sour cream, pero el relleno no es el típico pollo cocido, si no que usan una receta propia de tinga de pollo para darle más profundidad. Encima llevan rabanito, tomate, palta y sour cream. Un plato goloso, de picor aterrizado y que invita a comerlo con las manos y ensuciarse.
Otro de sus best seller es la Burrata Japo ($10.990). Una base de berenjena glaseada con miso dulce y maracuyá que encima lleva burrata, aceite de oliva, pimienta y albahaca. Una preparación típicamente italiana, combinada con una berenjena al estilo japonés. Un ‘mestizaje goloso’ como lo define el chef. Tomar elementos de distintas culturas y mezclarlos de una forma que tenga sentido. Aquí definitivamente se logra.
Su carta también incluye sándwiches como el Chanchito Goloso ($11.990), que viene en formato slider. Pan hawaiano, pulled pork al pastor, queso ahumado y cebolla caramelizada.
En el ítem ‘fondos’ una alternativa distinta y con la identidad de Lola Bar es el Salmón Chamullento ($18.990), marinado dos días en miso dulce antes de glasearlo. Lo acompañan con puré de coliflor caramelizado, chip de papa dulce, jengibre encurtido con miel de palma, cebollín picado y se sirve envuelto en una hoja de plátano. Tiene notas umami bien marcadas y un punto de dulzor. Un respiro ver al salmón tratado de forma distinta a lo habitual.
En Lola Bar hay concepto detrás de la barra, hay una cocina con identidad y un ambiente cómodo que no agota. Está ubicado en un barrio donde escasean las propuestas de este tipo así que probablemente se convierta en destino habitual para los vecinos. Argumentos tienen de sobra.