Misceláneo Bar: alta coctelería y cocina con identidad en Santa María de Manquehue

Fotografía: Constanza Larrondo.
Platos para compartir, cócteles minimalistas y vinos de baja intervención es lo que puedes encontrar en Misceláneo Bar, ubicado en el Edificio Tánica.

En el Edificio Tánica, del tranquilo sector de Santa María de Manquehue, lejos del ruido de los circuitos gastronómicos habituales, nace una propuesta con mucho que decir. Misceláneo Bar tiene una arquitectura limpia y una amplia terraza ideal para eventos o celebraciones. Este nuevo espacio propone un lugar donde conviven sin jerarquía la buena cocina, una coctelería bien ejecutada y una carta de vinos curada al detalle.

Detrás del proyecto está Rodrigo Fuentes, dueño de la chocolatería Truffel y de una productora de eventos. Su concepto para Misceláneo Bar siempre estuvo claro: abrir un bar con estilo, con un estándar gastronómico alto y que no cayera en los típicos clichés de la cocina de bar. Para ello, convocó a tres potentes mujeres que lideran el área de comida y bebestibles: la bartender Camila Aguirre, la chef Constanza Roa y la sommelier Rocío Alvarado.

Rocío Alvarado, Constanza Roa, Rodrigo Fuentes y Camila Aguirre.

El nombre Misceláneo describe la columna vertebral del local. En palabras de Rodrigo:  “rescatamos ingredientes chilenos poco explorados en bares —como churrascas, pastelera o ají verde— y los traducimos en platos para compartir, con algunos toques de otros países del mundo”.

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Todo al centro de la mesa

En Misceláneo hay una preocupación por tratar de que todo sea hecho en casa, desde la panadería, hasta los salsas, bebidas y encurtidos con los que trabajan. La carta es breve y casi la totalidad de sus platos están pensados para ir al centro de la mesa y ser compartidos.

Ideal para comenzar con algo fresco es el Tiradito de trucha curada y atún ($14.590), con leche de tigre de hierbas, chalaquita y piel crocante. Un plato de inspiración peruana pero que recoge el producto marino local para sacarle el máximo provecho.  

Uno de los imperdibles es el Ají verde del valle ($7.590), relleno con pastelera de choclo, cebolla morada encurtida en casa, crocante de aceitunas negras y perejil crespo. La pastelera va levemente tostada encima lo que realza su dulzor y complementa bien al ají verde. Un plato que se siente muy chileno, bien logrado, estéticamente lindo y generoso en su porción. Además es apto para veganos.

También brillan las Empanadas de quesos chilenos ($10.990), en formato de pirámides de masa phyllo rellenas con una mezcla de quesos artesanales chilenos: cabra, edam, de oveja y mantecoso. Un lindo twist a uno de los picoteos por excelencia de nuestro país. La tabla chilena ($17.990), para quienes disfrutan ese formato, trae lomo kassler y roast beef artesanal, quesos, encurtidos, frutas y frutos secos.

Para carnívoros, el Ribeye ($18.990) es una buena opción. 300 grs. de bife ancho Angus que llega a punto, con mantequilla miscelánea, sal de vino tinto y coronado con hojas verdes.

El cierre fue tan nostálgico como redondo con el Cuchuflí maní barquillo ($6.990), mousse de chocolate, salsa de chocolate amargo, tierra de maní, calugas de manjar, espuma de maní, galleta de barquillo y helado de manjar de El Taller. Juego de texturas y sabores que nos transportan a la infancia. Otro acierto de la cocina.

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Coctelería de autor y vinos de baja intervención

En su barra nos encontramos con una coctelería técnica, bien trabajada y minimalista. Cristalería Riedel, hielos de buena calidad, el cóctel y en algunos casos un pequeño garnish. El relato de la coctelería de Camila Aguirre tiene que ver con promover y difundir destilados y preparaciones de pequeños productores chilenos. La coctelería de autor aquí se llama “Rescate Cultural” y son reversiones locales de algunos icónicos cócteles clásicos.

Entre las creaciones, destacan La Fábula, un Frenchie revisitado con vodka Ciervo Austral, hecho de trigo 100% nacional y agua de la selva valdiviana, licor de rosas y sidra. También está Locura, una especie de Tom Collins con whisky Ko Milla -un single malt elaborado en Valdivia- cordial de nalca y vermut blanco Pobrevermut. Para quienes no beben alcohol, Joya -té negro ahumado, jengibre y miel- ofrece profundidad sin perder elegancia. Tampoco podía faltar un Spritz, en este caso hecho con pisco, licor dulce de pepino y espumante.

La carta de vinos curada por Rocío Alvarado ofrece una selección que dialoga con la comida y abre nuevas puertas a los comensales. Aquí encontramos productores de la talla de JP Martin, Leo Erazo, González Bastías, Baettig, Garage Wines o Reta, que conviven con vinos más tradicionales. Una propuesta bien ‘miscelánea’ y para todos los gustos.

En sus vinos mantienen una política de precios amigable con el consumidor, con el fin promover el consumo e ir variando las etiquetas que ofrecen. “Son vinos de baja intervención, sanos, pero muy bien hechos. Queremos que roten, igual que como lo hace la carta o la barra”, comenta Rocío.

Misceláneo Bar busca posicionarse como un bar de destino con cocina de autor para compartir, coctelería que rescata lo nuestro y vinos que apelan tanto al publico de nicho, como al consumidor masivo.

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Dirección y contacto de Misceláneo Bar.

  • Dirección:  Av. Santa María, 5870, Torre Oriente B 15, Vitacura, Santiago.
  • Teléfono: +56 9 6849 0479

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