En pleno invierno santiaguino, pocas cosas se agradecen tanto como refugiarse en una cafetería con el frío que hace afuera. Las manos alrededor de una taza caliente, una mantita sobre las piernas y una estufa lo más cerca posible, especialmente para quienes son veranistas, como quien escribe. El café sabe distinto cuando hace frío y se siente aún mejor en lugares donde todos los elementos parecen pensados para aquello.
La Foresta es uno de esos. Ubicado en Dr. Carlos Charlin, una calle corta de Providencia, a pasos de la Costanera Andrés Bello, es un espacio que fue abierto hace dos años y medio por Macarena Escandón y Paula Roca. Se conocieron trabajando en una empresa de telecomunicaciones y ambas renunciaron más o menos en el mismo periodo. Macarena comenzó a hacer repostería en su casa y Paula tenía hace rato la idea de abrir una cafetería así que decidieron unir fuerzas y crearon este concepto. Como ambas son del sur -Macarena de Tomé y Paula de Cauquenes- diseñaron el lugar como una forma de traer un pedacito de los bosques sureños que marcaron su infancia, a esta casa en medio de la ciudad.
La vegetación interior del local fue plantada antes de abrir así que todo es real y ya ha crecido bastante. A esto se suman dos árboles grandes en las propiedades vecinas que terminan de entregar la sensación de estar en medio de un pequeño bosque. Hay troncos que cruzan el salón de piso a techo, plantas colgando del enrejado de madera y un jardín interior con una pileta cuyo sonido ayuda rápidamente a bajar el ritmo. En una pared hay una frase pintada, «No hay jaula capaz de encerrar a quienes llevan dentro el espíritu del bosque», y en el pasillo de entrada, láminas sobre árboles nativos como el queule, un endémico del centro-sur en peligro de extinción. En invierno cada silla tiene su mantita doblada y hay estufas repartidas por todo el local, así que lo de ‘refugio’ no es solo una palabra cliché.
Su carta ofrece todas las opciones tradicionales de una cafetería, con granos tostados por Pickers Coffee Co., uno de los buenos tostadores de Santiago.
En la tolva tienen un Colombia y para los Filtrados ($3.900) un Kenya, con la rica acidez clásica de granos africanos, más opción descafeinada para quien la necesite. De ahí para adelante encontramos opciones siempre populares como el Latte ($3.900) y también otras de moda actualmente como el Matcha Latte ($4300) o el Chai Latte ($3.900). Si prefieres algo distinto, cuentan con bebidas de autor como el Maracuyá Tonic Brew ($5.400), un syrup de maracuyá con cold brew y tónica.
Para comer, el fuerte son las Tostadas, todas sobre pan de Vikingo. La que más sale es la de Huevo Pochado ($7.100), con el pochado sobre una cama de palta y cebollín encima. También está la de Hummus ($6.400), cargada a la paprika, con tiras de pimentón asado y pepitas de zapallo. A diferencia de algunas cafeterías, aquí cuentan cocina así que los sándwiches se preparan cuando los pides.
La carta se estira además a desayunos, brunch, almuerzo y once, con sándwiches y cosas como la ensalada de berenjenas, y hay variadas opciones para veganos o personas con otras restricciones alimenticias.
En lo dulce, un infaltable de este tipo de locales es el Pie de Limón ($4.500), con una montaña de merengue cremoso, dorado en las puntas, que tapa por completo el curd de limón. La pastelería se hace toda en el local, con una excepción, lo sin gluten, que traen de afuera para no arriesgar trazas en una cocina que trabaja con harina todo el día.
El sur vuelve a aparecer a través del maqui, presente en el frosting y el relleno del Cupcake ($3.100) o el Kuchen Sureño ($4.300) y cuentan además con las cada vez más populares galletas al estilo neoyorquino, acá denominadas Galletones (3.400). Hay una red velvet rellena de queso crema y otra de mantequilla de maní.
La casa tiene un tercer piso libre que usan para eventos de empresa, desde desayunos grupales hasta dinámicas de team building. Para el día a día funciona bien para quedarse a trabajar (hay enchufes y la temperatura acompaña) y además tiene una sala que se puede cerrar para reuniones.
Un espacio que funciona tan bien para conectarse, como para desconectarse, en un entorno rodeado de plantas y a pocos minutos de Metro Manuel Montt.