A fines de 2024, en el número 51 de Almirante Pastene, en pleno polo cafetero que se ha ido armando entre Manuel Montt y Pérez Valenzuela, abrió Black Duck una cafetería que no esconde su decisión estética: el local está repleto de juguetes y figuras de patitos de hule. La historia viene del baño de visitas de la casa de su fundadora, lleno de patitos, y de la idea de que algo así uniera a la familia. La fachada juguetona contrasta con una propuesta cafetera bastante más seria de lo que aparenta. Trabajan con Numeral, una de las nuevas buenas tostadurías de especialidad, y mantienen nueve opciones de filtrado en carta. Entre ellas, un Colombia Castillo y Cenicafé 1 de proceso natural con más de 400 horas de fermentación, de los granos más interesantes del barrio: perfil funky, notas casi licorosas, para paladares más exploradores. Para acompañar, una vitrina nutrida de galletas y pasteles que sirve a cualquier hora.