
Fotos de Guía Comino – CASA MO
El rol de las cafeterías en Santiago ha ido cambiando. Lo que antes era una parada de quince minutos hoy es una mesa ocupada por horas, con un notebook encima y en una reunión que hace algunos años habría ocurrido a puertas cerradas dentro de una oficina. En 1989 el sociólogo Ray Oldenburg definió el ‘tercer lugar’, ese espacio que no es la casa ni el trabajo y donde pasa la vida social, sea en solitario o compartiendo con otras personas. Treinta y tantos años después, en Santiago esos terceros lugares son, cada vez más, cafeterías y restaurantes
Casa Mo abrió pensando exactamente en convertirse en ese tipo de espacios, por eso junta ‘casa’ de refugio con ‘mo’ de momentos. Está en el pasaje de Av. Vitacura 3396, en la casa 7, detrás de Romaría y a metros de la pastelería La Berlín, con una puerta roja de terracota y un felpudo que dice «you are here». Abre a las 8:30 y cierra a las 19:00, y en todo ese rango la carta está disponible completa.
Detrás están Catalina Taricco y Valentina Saltarini, para quienes salir a comer se convirtió en su panorama favorito. Saltarini lleva quince años en el rubro y es socia de las cafeterías Nómade; Taricco venía del mundo del marketing. Navegando por el portal inmobiliario encontraron el local y no dudaron en arrendarlo. Lo remodelaron por completo y abrieron en medio de este lluvioso invierno santiaguino. «Nuestra hija va a crecer acá, así que queríamos construir nuestra vida alrededor de esto.», dice Catalina.
Esa frase explica bastante lo cálido del espacio. De entrada te recibe un salón con una cocina tipo americana, que bien podría ser la de una casa. En el renovado patio, el piso es un damero rojo óxido y crema, el mismo rojo del zócalo que recorre todas las paredes y de los marcos de las ventanas. Hay guirnaldas de ampolletas cruzando el techo, toldos blancos que se abren sobre el patio y respetaron incluso los árboles de la casa así que es posible verlos en medio de algunas mesas. Las paredes están cubiertas de coloridos cuadros de la pintora Catalina Zañartu de estilo figurativo y surrealista, que también suman un toque hogareño a la decoración.

De la cocina se hizo cargo la chef Catalina Rebolledo, quien junto a las socias de Casa Mo armó una carta que se pasaron el verano completo testeando entre amigos hasta que la ajustaron a lo que querían. Y uno de los platos que desde el principio sabían que iba a ser de los favoritos es el Croissant Benedictino ($9.990), una base de croissant prensado y tostado hasta quedar plano, con las capas de la laminación a la vista, que -a pesar de lo delgado- aguanta bien el peso de sus ingredientes. Encima, palta laminada, dos huevos que en la visita estaban perfectamente pochados, que se abrieron de inmediato al contacto con la cuchara. Se termina con tiras gruesas de tocino cocinadas hasta ese punto justo antes de resquebrajarse. Otra de las características de estos benedictinos es su holandesa, que va muy ligeramente trufada (lo que se agradece para no dejar el salón pasado a ese aroma) y aireada, más liviana de lo habitual.
Si prefieres probar alguno de los platos de su carta, el más recomendado por las dueñas son los Ñoquis de Zapallo ($11.990) que llegan en un plato hondo que permite cucharear hasta el último concho de salsa. Estos ñoquis (de La Fortunata) vienen cortados en cubos en lugar de las clásicas almohadillas rayadas y llegan flotando sobre una cremosa salsa de queso azul. Arriba, tropezones irregulares de tocino y nueces partidas a mano, que bien se conoce la armonía que tiene con el queso mohoso.
El resto de la carta está armada con la misma lógica de horario extendido, que obliga a tener algo para quien llega con hambre de almuerzo y algo para quien solo quiere acompañar un café. Ahí entran las (infaltables) Tostadas Francesas ($8.990), el Yogurt con Granola de la Casa ($7.490) y las Tostadas con Palta ($6.190) o los Huevos Revueltos ($7.990), dos preparaciones que nunca pasan de moda.
Para acompañar una carta que incluye todas las opciones tradicionales que alguien esperaría de una cafetería, cuentan con muffins ($3.990) y una variedad de tortas de La Berlín, uno de sus buenos vecinos.
Casa Mo es un espacio acogedor y luminoso, con una cocina bien ajustada y aterrizada a la demanda santiaguina de estos tiempos, donde todos quienes visiten encontrarán alguna preparación que les plazca. Una bien pensada propuesta de tercer lugar que de seguro se convertirá en un nuevo punto de reunión para los vecinos de Vitacura.
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