La trufa es uno de esos productos que nunca dejan de sorprender. Oscura, rugosa, de enigmáticos aromas que pueden ir desde el cacao y hongos hasta un ajo confitado. Emerge desde el subsuelo como un tesoro que el mundo gastronómico valora por su complejidad de cultivo y su amplio abanico de sabores.
Aunque en Chile ya existen productores de trufa negra de primer nivel, el consumo interno sigue siendo escaso: el 92% de lo que se produce se exporta, según datos de la Asociación de Truficultores de Chile. Por eso, entenderla —reconocerla, olerla, saborearla— se vuelve clave para que este hongo subterráneo comience a ganar protagonismo también en nuestras mesas.
Con ese espíritu se realizó, en Casa EasyWays, el evento que dio inicio oficial a la temporada de trufa 2025. Fue organizado por la Asociación de Truficultores de Chile, creada en 2013, y convocó a importantes nombres de la producción local: Rua Prime, Trufas Araucanía, Austral Truffles y Terra Truf.
La jornada partió con una cata guiada por el experto en análisis sensorial Pascual Ibáñez, que invitó a los asistentes a dejarse llevar por los trazos, texturas y capas aromáticas de distintas trufas negras chilenas. Según Javier Rozas, presidente de la Asociación de Truficultores, el interés del evento era «ir depurando el producto que vamos cultivando en Chile. Una de sus características principales es el aroma y con un especialista como Pascual Ibáñez queríamos un análisis sensorial de la trufa chilena y descifrar si hay una asociación legítima respecto a los distintos orígenes de estas trufas. Especificar atributos organolépticos de la trufa chilena y ver las diferencias entre regiones».
La propuesta era clara: educar el paladar, entender las particularidades de cada zona de cultivo y abrir una conversación sobre los factores que inciden en sus características. Porque, al igual que el vino o el aceite de oliva, la trufa también es un producto de terroir. Su perfil depende de variables como la humedad, el tipo de árbol con el que establece simbiosis, la altitud, el tipo de suelo, las condiciones climáticas e incluso la flora y fauna del entorno.
La experiencia culminó con una degustación donde la trufa se lució en distintas preparaciones: mantequillas y aceites trufados, helados y quesos madurados. Fue una demostración clara de la versatilidad del ingrediente: dependiendo del acompañamiento, la trufa puede potenciar notas dulces, lácticas o umami con una potencia que transforma cualquier bocado.
«Consolidar la posición que tiene Chile en el mercado internacional como exportador de trufa y ser reconocido como un actor importante. Para eso tenemos que expandir los mercados y posicionarnos bien respecto de la competencia con un producto de calidad. A nivel local, queremos seguir incursionando en el mercado para que se vuelva parte de la mesa chilena», explica Javier Rozas.
Este año en la primera quincena de junio, organizarán por primera vez la Semana de la Trufa Chilena. Este tipo de encuentros son fundamentales para seguir consolidando la cultura trufícola en Chile. Porque no basta con producir bien: también hay que saber mirar, tocar, oler y probar para descubrir todo lo que la trufa tiene por decir.
Aquí algunas opciones:
Es un espacio experiencial ubicado en Alonso de Córdova 4330, Vitacura, integrado a la tienda EasyWays. Esta casa-taller con cocina y quincho, es un espacio diseñado para clases, degustaciones, catas, eventos.