La instalación del formato de salones de té en Valdivia es de larga data. La ciudad tiene una cultura de la once que se puede ver bien presente en las vitrinas cargadas de kuchen y en los distintos espacios concebidos como refugios para la lluvia que llevan décadas abrigando a sus comensales con chocolate caliente. Es un formato clásico de la ciudad al que la gente acude con cotidianeidad.
Uno de ellos es Cosas Ricas, en calle Pérez Rosales, que se presenta con un look & feel muy habitual en formatos de este tipo, pero que en realidad esconde una oferta mucho más completa. Abierto por Carmen Velásquez, que partió vendiendo colaciones para una tienda de retail antes de arrendar un pequeño local al que día a día comenzaron a sumarle platos y productos. Ahí de a poco fueron desarrollando el concepto, incluyeron opciones vegetarianas y adaptaron su propuesta al público valdiviano, con un menú de almuerzo pensado para los trabajadores del centro de la ciudad.
En 2015 abrieron el local más grande y contrataron baristas para diferenciarse con su café y ofrecer un espacio cómodo, acogedor y multipropósito. El diseño es de Cristián San Martín y por dentro son salones de techos altos, pastelones hidráulicos, una hilera de máquinas de coser antiguas sobre un repisón, una banqueta roja capitoné pegada al muro y grabados repartidos por las paredes. Al fondo, una terraza interior cobijada y rodeada de plantas donde a media mañana se juntan los computadores abiertos.
En esa misma terraza hay quienes están con cóctel en la mano a media mañana un día de semana. A un santiaguino esa escena podría descolocarlo pero a los valdivianos no les mueve ni un pelo. Acá la cultura es muy distinta y -a diferencia de lo que ocurre en la capital- no es algo descabellado.
Mientras el resto de la ciudad duerme, en este proyecto que ya se apronta a cumplir dos décadas, están desde las seis de la mañana amasando los seis tipos de panes que tienen disponible en los abundantes desayunos que ofrecen al comienzo de la jornada.

En Cosas Ricas hay opciones para cualquier hora del día y buena parte de lo que termina sobre la mesa se hizo a pocos metros de ella. El pan, el pastrami, la pastelería que se ve en la vitrina de la entrada o las pastas que aparecen al mediodía.
A la hora del desayuno hay algunas opciones de sándwiches pero la opción más pedida son sus desayunos completos que incluyen fiambres, queso, fruta, pan y café. Una lista habitual de productos a esta hora, pero que se separa de otros similares por la calidad de su materia prima. El Poderoso ($11.500) son varios platos desparramados que de inmediato visten la mesa. Entre ellos aparece el pastrami, ahumado en la casa y cortado en láminas finas, con su pimienta hecha grumos en el borde. Al lado, cuñas de mantecoso valdiviano, blando y con hoyos irregulares, además de una palta molida con nada más que un toque de sal y huevos de campo sureño revueltos.
Esta opción también incluye encurtidos -de casa, por supuesto- que complementan bien al pastrami y al queso a la hora de armarse un sándwich. Entre las varias opciones de pan tienen las tradicionales dobladitas, que deberían ser patrimonio nacional y un pan de molde en rebanadas gruesas que aguanta sin problemas una capa de palta, otra de huevo y unos encurtidos encima. La fruta se sirve en vasitos y puede haber mango, kiwi, plátano, pera o naranja, dependiendo de la fecha.
El café que acompaña todo esto lo tuesta Panaka, una tostaduría valdiviana que empezó en Punucapa, a media hora de la ciudad, y que hoy abastece a varias cafeterías del centro gracias a la buena recepción que ha tenido. Esos mismos granos también reaparecen en su coctelería, por ejemplo en el Espresso Austral ($8.000), que es como llaman acá al espresso martini, con vodka Ciervo Austral, el primer vodka de trigo chileno, destilado en la ciudad.
Pasado el mediodía, cambia lo que sale de la cocina con varios platos distintos de almuerzo donde hay pastas hechas en casa y otros más robustas como el Lomo a lo Pobre ($24.200) o el Filete ($24.500) con una guarnición a elección, que se pueden acompañar de cervezas locales, vinos o alguno de sus cócteles.
Un ícono valdiviano que cuenta con una propuesta adaptada a cualquier hora del día, ideal para comenzar a conocer la cultura de los salones de té y la despensa local.
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