Un bar de vinos con cerca de 40 etiquetas rotativas que priorizan añadas especiales y ediciones limitadas de productores de todos los valles de Chile, con un servicio a cargo de destacados sommeliers para orientarse. Así es Barrica Andes, el nuevo proyecto que aterriza en Bellavista de la mano de Israel Ruz (uno de los socios de Elite Bartender), Stephan Kunstmann y los sommeliers Rocío Alvarado y Javier González.
El local ocupa un espacio en calle Chucre Manzur, en pleno corazón de un barrio que no para de sumar propuestas, justo frente a las recién inauguradas Las Terrazas San Cristóbal. Es un entorno acogedor donde se nota el trabajo en los detalles y entrega una sensación de cobijo que invita a quedarse varias copas, especialmente en temporada estival. No es para nada un bar de vinos pretencioso, pero tampoco es un lugar informal. Está justo en ese punto medio que el sector necesitaba.
La apuesta es mostrar etiquetas que no se encuentran en otras partes. Vinos únicos, de coleccionista y con relato. Alvarado y González, ambos con años en la escena del vino chileno, armaron una carta que huye de lo obvio y que va a estar cambiando constantemente. La idea es que el comensal en cada visite se encuentre con productores nuevos, añadas distintas y uno que otro descubrimiento inesperado.
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La selección actual de vinos cubre desde el Valle del Huasco hasta Riñihue, pasando por todos los grandes valles vitivinícolas del país. Hay -por supuesto- vinos de uvas tradicionales, pero también variedades que no se ven seguido, como la San Francisco o la Barbera. Rocío Alvarado lo explica en simple: «El objetivo es reunir a varios productores de vinos en una barra joven, con un servicio profesional y cercano, que nos permita acercar el vino a nuevos consumidores a través de añadas o vinos únicos que no se encuentran en otras partes». Las copas arrancan en $4.800 y llegan hasta $7.800, aunque esos números van a ir moviéndose a medida que roten los vinos.
Eso se traduce en encontrar etiquetas como La Calora, un chardonnay de Viña Erasmo que normalmente hacen solo para consumo interno durante la vendimia, pero que acá está disponible por copa o botella.
El mejor consejo cuando se visita este tipo de locales es dejarse guiar por Alvarado y González, profesionales que conocen bien sus etiquetas entienden qué vino se adecua a cada comensal. De esta forma podrá descubrir vinos como el Ramato de JCV, un pinot grigio vinificado al estilo de Friuli (en el norte de Italia) que pasa 55 días en contacto con sus pieles. De color cobrizo, con notas a frutas tropicales que funciona particularmente bien con sus platos marinos.
También vale la pena probar las etiquetas del viejo mundo que están trayendo. Actualmente está disponible en carta un tempranillo y monastrell 2014 de Francoise Chidaine que ya empieza a mostrar esos aromas terciarios que solo da el tiempo. Es una buena oportunidad tanto para conocer un vino extranjero, como para entender qué pasa cuando un vino madura correctamente.
Y si la idea es quedarse en territorio nacional, tienen denominaciones de origen que pocas veces aparecen en las cartas. Está el Asoleado de Viña Erasmo, una bodega familiar del Maule hecho a través de un proceso tradicional donde las uvas se secan al sol para concentrar el azúcar antes de vinificar. O el Pajarete de Ernesto Perfecto, una bodega que lleva más de 100 años haciendo este vino dulce típico de Huasco y Elqui. Son vinos que narran una parte muchas veces invisibilizada o desconocida de nuestra historia vinícola.
Productores como Garage Wines, González Bastías, Clos de Fous, Laberinto o Schwaderer en su carta, son garantía de calidad.
La carta de cocina en Barrica Andes es acotada y va directo al grano. Son seis los platos disponibles y están todos pensados para ponerse al centro de la mesa y compartir. Para comenzar, las Almejas de Carelmapu ($12.500) son la mejor opción. De buen calibre, llegan servidas en su concha con una salsa verde de piure que las potencia. Piure y almejas es una de esas combinaciones marinas que no fallan y acá no es la excepción.
Pruebe las Mejillas de Congrio al Pil Pil ($11.500), que llegan sobre un enjundioso fondo con vino blanco, caldo de pescado y mantequilla. Un levantamuertos de los buenos.
La Pichanga de Barrio ($9.900) es un lindo homenaje a una de las preparaciones más incomprendidas de nuestro recetario. Acá la materia prima marca la diferencia: queso de cabra semi maduro de Ovalle, queso mantecoso de Valdivia, huevo, palta, cebolla en escabeche y lengua.

Para los carnívoros está la Lengua Azul Pa Untar ($13.200). Es un fierro con cebolla caramelizada, queso azul, demiglace de lengua y lengua cortada en láminas bien finas. Llega -claro está- con pan para untar, tal y como dice su nombre. Va especialmente bien con los tintos más estructurados de la carta.
Barrica Andes llega a suplir un importante vacío en la escena de vinos de Barrio Bellavista. Otra parada para agregara a tu ruta foodie en un sector que continúa en plena renovación.