Clarita es una de las buenas nuevas aperturas de bollería que se suma al cada vez más gastronómico cuadrante entre Manuel Montt y Salvador. Detrás están Gabriela Aranda y Benjamín Weis, ambos cocineros de larga trayectoria que este abril por primera vez se lanzaron con un proyecto propio.
El nombre Clarita lo eligieron porque es el tercer nombre de la mamá de Gabriela y también porque ese sería el nombre de una hija cuando llegue el momento de tenerla. Eso explica, según dicen, las tonalidades rosadas que dominan su paleta de colores. El concepto de Clarita también atraviesa la identidad estética y gráfica del local, ya que al local lo imagina como a una niña pequeña. Nada de minimalismo, aquí lo que se busca mostrar desde lo visual, es cómo sería una pastelería si la hiciera una niña.

Clarita se presenta como una propuesta de bollería de barrio -sin pastelería de vitrina- en un local pequeño y al paso, pero con un marcada línea editorial en el sabor y en lo estético. Siempre, por supuesto, cuidando la técnica en la elaboración de sus productos.
Y esta línea editorial en el sabor bien se refleja en productos equilibrados, que se alejan de los exagerados dulzores o rellenos de varias pastelerías que se han popularizado en redes sociales. Su Medialuna ($2.000) -claro ejemplo de esto- va sutilmente pincelada con un almíbar simple, lo que permite comer varias sin hartarse.
Como en cualquier lugar de este tipo, otro de los productos más vendidos es el Croissant ($2.000), para el que utilizan una receta clásica que tiene como elemento diferenciador el uso de leche fresca de vaca de Fresca Rebeca. Mantequilloso y sabroso, con una capa crujiente bien laminada por fuera, mientras que por dentro es nuboso, suave y elástico.
El popular Rollo de Canela ($2.800) tampoco podía quedar ausente en una vitrina de este tipo. También clásico en su receta, pero utilizan brioche y -siguiendo la misma línea- tiene un nivel de dulzor equilibrado. Funciona para el atracón dulce, pero no te deja pidiendo un litro de agua para pasarlo.
Menos clásica es su receta de Queque plátano chocolate ($3.500), una abundante porción que cae de mil maravillas en cualquier once, mojadito y esponjoso lo que de inmediato delata un buen trabajo técnico. Cuidado con volverse adicto.
Y para el vecino o trabajo del sector que quiere resolver un almuerzo a la rápida, cuentan con opciones de sándwich en croissant salados. Pruebe el Pollo Pimentón ($3.800), la versión de la casa del tradicional ave pimentón pero en su exquisita bollería, donde prueba que sus conocimientos de cocina van más allá de la bollería dulce.
Por si fuera poco, son tantos los perritos que a diario visitan Clarita que también hornean a diario galletas para ellos. Una propuesta tan resuelta en su sabor en un contexto donde la bollería se vuelve cada vez más popular, no puede ser otra cosa que augurio de un futuro promisorio para esta nueva propuesta. Parada obligada para vecinos del sector, que bien vale incluso una visita desde otras comunas.
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