Hasta que te encontré: el comedor vintage en Barrio Matta

Hasta que te encontré ofrece un menú casero de almuerzo, música en vivo y un comedor vintage lleno de antigüedades a pasos de Avenida Matta.

«Lugar para comer», se lee en un cartel blanco colgado en la fachada de una casa antigua de Barrio Matta Sur. Detrás de la puerta, un pasillo largo y angosto, con piso de baldosas gastadas y paredes llenas fotografías enmarcadas, afiches descoloridos, trompos de madera, zapatillas viejas colgando del techo y estantes con objetos que uno juraría haber visto en otras casas hace décadas. Cuando finalmente desembocas en el comedor principal, queda claro que este es uno de los restaurantes más únicos de la ciudad.

Hasta que te Encontré abrió en 2018, cuando Francisca Vilches y Fernando Domínguez decidieron darle una nueva vida a un viejo comedor de Barrio Matta. Ellos son una dupla que desde que se conoció viene juntando cosas, y de hecho, antes de ser restaurante, fue -y sigue siendo, a dos puertas de este local- una productora y rental de objetos antiguos. De ahí que uno se encuentre en el camino con una silla de peluquería, un flipper, neones de almacenes, televisores y radios a tubo. Cuando la dueña anterior del local, que había funcionado décadas como picada de almuerzo, avisó que se iba, ellos tomaron el espacio y le dieron una nueva vida, a pesar de las evidentes deficiencias estructurales.

El comedor principal está totalmente chueco. Si uno pone una bolita o una pelota en el suelo, va a rodar hasta el fondo del salón sin dudarlo. Es un lugar antiguo, mal hecho, con terminaciones que no calzan, muros nada rectos y desniveles por todos lados. Y son precisamente estas imperfecciones las que hacen que el lugar sea tan atractivo.

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En el trabajo decorativo encontramos algo que no se ve en ningún otro restaurante de Santiago. Te vas a encontrar con loza que tu abuela tenía en la vitrina del comedor, figuritas de porcelana que -por alguna desconocida razón- estaban en todas las casas, latas de galletas, frascos de farmacia o teléfonos de disco. Es como entrar a la casa de tu abuela en unos años 70, 80 o 90 que hoy parece que fueron hace una vida entera.

En el techo del comedor hay pegadas las bandejas de metal que antes servían para llevar los platos y que perdieron su utilidad en la pandemia, cuando las nuevas restricciones de manipulación de alimentos cambiaron la forma de servir. En otro salón, en vez de bandejas, lo que hay pegado al techo son sacos de esos que se usan en la Vega, con las letras medio borradas, formando una especie de techo de arpillera. Entrar al baño es como meterse en una mini capilla, con música de fondo e imágenes religiosas ocupando sus muros. No es que se predique religión en el local, pero no se puede desconocer que estas estampas son parte de la iconografía chilena, especialmente en tiempos pasados. Difícilmente se pueden describir todos los detalles, guiños y elementos decorativos de este local.

 

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Un almuerzo distinto de fin de semana

Un músico toca el acordeón en medio del comedor, animando con canciones sobre las que buena parte de la sala bailaba o tarareaba. Fran se pasea por el local como buena dueña de casa que recibe visitas. Canta, aplaude, pasa bailando entre las mesas, saluda a los que llegan y conversa con los habitués a quienes ya les conoce parte de la vida. El ambiente es de cantina antigua. La gente juega cartas, pide otro vituperio, aplaude al música y se ríe a carcajadas. Si hubiera un buen antónimo para «empaquetado» en este contexto, vendría como anillo al dedo. Distendido o descontracturado solo le hacen justicia parcialmente, porque es un espacio que invita a mucho más que eso.

El precio de un almuerzo en Hasta que te encontré es de $17.000 e incluye consomé, sopa o crema, una ensalada, un fondo con acompañamiento, un bebestible, un bajativo y un postre, con opciones que van cambiando semanalmente. Y es justamente lo que uno espera de un lugar con este look & feel. El consomé de pollo es lo más sencillo del mundo y es eso mismo lo que lo hace especial. Es el de toda la vida, con ese sabor imposible de olvidar que tenía el que abrigaba a los niños que llegaban a casa después de salir a jugar muertos de frío.

Entre las opciones de fondo que aparecen con frecuencia está el pescado frito, con un batido impecable que le da un exterior crocante y firme, sin aceite de más. Pídalo con las papas de la casa, cortadas a mano y fritas al momento. La milanesa es otro imperdible: una porción golosa y grandota que se sale del plato por los dos lados para que nadie se vaya con hambre, de esos platos que si uno no termina, después es aún más rico cuando lo recalienta en la casa. Para los vegetarianos, también tienen opciones, como un sabroso plato con tres canelones rellenos, cubiertos de salsa pomodoro casera.

Milanesa

La nostalgia, sentimiento siempre presente en este tipo de entorno, gana aún más fuerza con el postre. El arroz con leche terminado con zeste de limón demuestra, al igual que el consomé, lo rica y simple que es la cocina chilena de antaño y el potente rol que juega la memoria gustativa cuando se prueba un plato que uno creía perdido. Las manzanas asadas al vino tinto son otra gran forma de cerrar el almuerzo, con esa mezcla de frescor y dulzura.

Al final del almuerzo, con el acordeón todavía sonando; un grupo de amigos en la mesa contigua jugando alegremente a las cartas sin ningún atisbo de querer irse de ahí; y toda esa marea de recuerdos quedando adentro del local, cuesta no sentir un poco de pena por salir de ese espacio donde el tiempo está detenido y volver a un frío y cada vez más tecnológico 2026. Por suerte el local abre todos los viernes y sábado, así que la cura para la nostalgia está siempre a la mano.

Dirección y contacto de Hasta que te encontré

 

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¿Dónde ir?

Holanda 18, Providencia, Región Metropolitana
Ingeniero Obrecht 2199, Santiago, Región Metropolitana
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