Nacida como una iniciativa del Estado peruano a través de la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (PROMPERÚ), la feria Perú Mucho Gusto se ha convertido en una plataforma clave para visibilizar el patrimonio gastronómico y promover el turismo del país. Aquí se busca conectar al visitante con el alma del Perú a través de su diversidad, su herencia cultural y los productos nativos que le entrega su biodiversidad.
El evento se realiza en distintas regiones del país —Ilo, Tumbes, Ayacucho y Tacna han sido algunas de sus sedes— y adapta su programación para destacar lo mejor de las 25 regiones del Perú. En cada versión se construyen pabellones temáticos que reflejan el enfoque del país hacia la sostenibilidad, la trazabilidad de los productos, la responsabilidad social y el cuidado del medio ambiente. Toda la infraestructura de esta edición fue levantada con materiales reutilizables, reafirmando su compromiso con un modelo de feria responsable, replicable y respetuoso con el entorno.
Como parte de su diseño conceptual, esta edición 2025 presentó tres áreas temáticas que representaban los pilares naturales del país: Agua, Tierra y Bosque, además de un pabellón principal con cocinas regionales de todo el Perú. Palmiro Ocampo, cocinero peruano a cargo de la evaluación sostenible de la feria, explicó: “Las zonas estrella representan lo más valioso de nuestras regiones. El bosque representa la Amazonía, el agua todo lo que es recursos hidrobiológicos y la tierra que habla de los recursos que nos da la pachamama”.
Como reflejo de la dimensión cultural de la feria, entre los invitados internacionales se destacó la participación del músico chileno Claudio Narea, histórico integrante de Los Prisioneros, quien ofreció un show gratuito en el marco del evento.
En sus ediciones más recientes, la feria ha tenido un rol estratégico en el fortalecimiento del vínculo entre Perú y sus países vecinos. En el caso de Tacna —por su cercanía con Chile— la feria es también una invitación a cruzar la frontera. Cada año miles de visitantes del norte chileno se suman al recorrido de la feria, lo que la convierte también en un espacio de integración cultural y económica entre ambos países. Este 2025, esa conexión se tradujo en números históricos: 217.000 personas asistieron al evento, entre locales y extranjeros, rompiendo todos los registros anteriores.
Quien haya tenido la suerte de asistir sabe que esta feria es un banquete de cocina criolla al aire libre. El comedor central albergó más de 40 cocinas regionales, entre las que destacaron variantes poco conocidas del clásico ceviche, como el ceviche chimbotano, preparado con una picante leche de tigre a base de limón, sal, ají limo y aleta de lenguado (en este caso); o el el potente ceviche de conchas negras de los manglares de Tumbes, preparado con este exótico marisco que se asemeja a una almeja.
Desde la selva amazónica llegó el juane, preparado con arroz, gallina y huevo envuelto en hoja de bijao, mientras que desde el mismo Tacna se pudo probar el emblemático picante a la tacneña, hecho con interiores de vaca.
Los postres no se quedaron atrás. Los picarones, anillos de masa frita bañados en mieles de distintos sabores robaron suspiros a lo largo de toda la jornada, pero fueron los prestiños huanuqueños -una especie de bollo crocante a base de yema de huevo, harina y aguardiente- los que se convirtieron en el descubrimiento dulce soñado.
Entre los productos estrella de esta edición, brillaron los chocolates amazónicos de Ukaw, elaborados en la región de Ucayali. El cacao de esta zona, cultivado en la selva y bien trabajado resulta en tabletas aromáticas, con un agradable amargor y con ingredientes complementarios que lo convierten en un producto gastronómico: sal de maras, camu camú (fruta amazónica) o naranja y nuez de marañón (similar a las castañas de cajú).
También tuvo un espacio especial en la feria el universo de los Theobroma, nombre científico del cacao y de otros frutos afines que crecen en el Perú. Entre ellos destacó el copoazú, originario de la Amazonía y pariente directo del cacao, con una pulpa aromática y ligeramente ácida que se cultiva en el departamento de Madre de Dios. No es un dato menor: el Perú produce variedades de cacao en casi todas sus regiones y la feria es una plataforma para mostrar esa amplitud.
En la zona de productores amazónicos, el stand de “De mi abuela sus secretos”, proveniente de Loreto, fue una revelación: ofrecían productos elaborados con camu camu, el macambo (pariente del cacao) y la potente charapita, un diminuto ají selvático que destaca por su picor envolvente.
Otro de los nombres que dejó huella fue Qaya, emprendimiento que transforma pieles de pescados como el paiche y otros del amazonas en carteras, billeteras, bolsos y accesorios con diseño contemporáneo. Su enfoque 100% libre de residuos y reutilizando un subproducto de la pesca artesanal los posiciona como una marca pionera en economía circular y moda sostenible desde el sur del Perú.