“Bienvenidos a La Bestia. Pide con hambre, come con furia y deja que el taco haga el resto”. Esa es la consigna que encuentras en un letrero luminoso al fondo de La Bestia, la nueva taquería de Barrio Bellas Artes, inaugurada en mayo de este año.
Ubicada en Santo Domingo 594, casi en la esquina de Miraflores, el local tiene una estética limpia que combina azulejos blancos y verde botella. La cocina es amplia y lo primero que llama la atención es el trompo, esa estructura vertical donde se apilan las capas de pulpa de cerdo adobada que darán vida a sus Tacos al Pastor.
Alfredo Ibarra tras un periodo viviendo y trabajando en Ciudad de México, unió fuerzas con Jorge Sánchez para dar vida a una taquería que cumple con todo lo que se espera de ella: servicio rápido, sabores punzantes y -opcionalmente- una buena dosis de picor.
La Bestia opera como un restaurante de comida rápida. Uno se acerca al mesón, hace su pedido y luego espera a que lo llamen para ir a sentarse. Aunque lleva poco tiempo abierto, la cocina es ágil y los tiempos de espera acotados. Y ojo que cuentan por takeaway por si busca algo al paso.
Como cualquier buena taquería, la carta de La Bestia es simple: tacos, burritos, tortas (un sándwich con poroto, guacamole, cilantro y cebolla morada), quesadillas y nachos. Estas preparaciones se pueden pedir con cualquier de las proteínas: al pastor, birria, chorizo, pollo, lomo vetado, camarón y dos opciones veggie: poroto y seitán.
En el ítem ‘extras’ encontramos el caldo de la birria, guacamole, poroto, queso o salsa macha de Rey Rojo, una versión chilena de el aderezo picante mexicano, hecho con ají cacho de cabra ahumado, berries, arándanos, ajo y especias.
Pruebe los Tacos al pastor ($3.000 la unidad), una de las especialidades de la casa. La preparación es hecha por ellos mismos: pulpa de cerdo en trompo adobada con achiote, piña, jugo de naranja, vinagre, pimienta negra, canela y laurel. Se deja de un día para otro para que tome más potencia. Van servidos -como todos sus tacos- sobre una tortilla nixtamalizada, de buena resistencia y elasticidad, que aguanta bien los jugos y salsas que van encima.
La Birria es otra opción clásica. Un guiso de plateada cocinada a fuego lento con ajíes y especias. En México la tradición dice que hay que untarlo en una taza con su caldo. Puro umami. Si prefiere algo con queso, las quesadillas salen justo en su punto. Bien dorada y jugosa. En la casa recomiendan la de camarones.
Los tacos por sí solos no son picantes, pero hay varias salsas -mexicanas y locales- disponibles para quien busque enchilarse. Además en las mesas mantienen siempre dos preparaciones de la casa que van variando para ofrecer sabores distintos en cada visita.
Para beber hay varias opciones que dejan la vara igual que alta que su cocina. Horchata, Agua de Tamarindo y Agua Jamaica ($2.000 c/u), remojadas de un día para otro para extraer todo su sabor y evitar ese gusto aguado que encontramos en otros lugares. También se lucen con uno de los bebestibles mexicanos más populares: la Michelada. La sirven con chamoy -esa fotogénica pulpa mexicana que se usa para escarchar- tajín, limón, salsa inglesa y salsa de tomate casera.
Lo que hace especial a La Bestia no son únicamente sus tacos, sus salsas o su eficaz servicio. Es la suma de todo. Una taquería bestial, con el ojo bien puesto en detalles que la diferencian del resto y donde prácticamente no quedan cabos sueltos. Pide con hambre, come con furia.