En la precordillerana y populosa comuna de La Florida, es posible encontrar un poco de todo. Arriba, donde las calles empiezan a empinarse, están las villas nuevas y los condominios que le fueron ganando terreno al cerro ignorando por completo la existencia de la -a estas alturas terrorífica- falla de San Ramón. Más abajo, las calles Walker Martínez y Rojas Magallanes cruzan kilómetros de casas de esas con reja y antejardín, levantadas en los años en que esta fue la comuna más poblada de Chile gracias a una clase media emergente. Pero donde más se concentra la gente es en el lado poniente, en Vicuña Mackenna, donde está el metro, la estación intermodal y el mall que en 1990 fue el primero de su tipo instalado fuera del centro y del sector oriente.
Con más de 400 mil habitantes, las respuestas a la pregunta de dónde comer en La Florida son muy variadas, pero siempre tienen como denominador común a las empanadas. Por esta comuna sale la ruta hacia el Cajón del Maipo y en el camino se fueron instalando hornos que trabajan para el que va de paseo el domingo y para el vecino que compra media docena para la once un miércoles cualquiera. Además, están las infaltables sandwicherías y los restaurantes de migrantes chinos y peruanos, que a esta altura ya casi se puede decir que son parte de nuestra comida tradicional.
Sin embargo y sobre esa base, hay varias nuevas apuestas que han abierto alrededor. Una panadería que hornea kanelbullar, un bollo de canela sueco. Un local de street food asiático metido en un pasillo de Walker Martínez que lleva cinco años y está por abrir su segundo local. Un mercado urbano recién instalado justo a la salida de un metro donde hay una atractiva cafetería de especialidad, entre otras que se suman a los clásicos de la comuna.
Estas son siete paradas para comer en La Florida, probadas y aprobadas por Guía Comino.

Más de dos mil medialunas al día. Ese es el ritmo que lleva La Fika, una panadería que produce todo en el mismo local. Detrás están Ignacio Lizama y Claudia Avello, que amasan y venden pan desde 2018 y abrieron este local en octubre de 2024. Partieron los dos solos y año y medio después ya son cerca de veinte personas en el equipo. Ignacio es chef de profesión y llegó a sus recetas de panadería y bollería a punta de ensayo y error, y de tirar kilos de masa por la basura, la mejor escuela de todas. Se presentan como «el dealer de confianza de bollería y panes de la comuna» y vaya que tienen razón.
Uno de sus productos estrella es el kanelbullar, una especie de nudo de canela bien distinto al rollo clásico que todos conocemos. La masa laminada se corta en tiras largas, se enrolla sobre sí misma y se amarra, de modo que la canela queda a la vista en la superficie en vez de esconderse en el centro. Arriba lleva azúcar perlada que truena al morderla, en lugar del frosting de queso crema de la versión gringa. Y en vez de canela en polvo trabajan una pasta de canela, lo que deja ese sabor mucho más marcado en cada mordida.
Los croissants son crocantes por fuera y blandos adentro, como deben ser, prueba de un buen trabajo con sus masas y aprobado por clientes franceses. También tienen productos más novedosos como el viral NY Roll, relleno con una sedosa pastelera y mermelada de frambuesa. El pie de limón tiene un curd bien aromático y proporciones parejas de base, curd y merengue italiano, lo que lo hace mucho menos ostigoso que la versión más habitual donde cerca de un 50% es merengue. También tienen algunos hits salados, como un bollo con queso, tomate, más queso y orégano, y una de las mejores focaccias que encuentras en la capital, bien sabrosa y alveolada.
La Fika también funciona como cafetería. Tienen todas las opciones tradicionales como espresso o flat white y trabajan con granos tostados por la pionera CCCR de Maipú. Cada tres o cuatro meses rotan parte de la carta y en septiembre y diciembre sacan productos temáticos así que las novedades no faltan.

PICA -el Paseo Intermodal Catorce- es un mercado que se instaló en Vicuña Mackenna, a la salida del Metro Bellavista de La Florida y al costado de Plaza Vespucio, con una fórmula que incluye locales comerciales, módulos para emprendedores y una parte del espacio destinada a comida. Trébol Café lleva once meses ahí, como una de las buenas propuestas de cafetería de especialidad de la comuna.
Entre sus preparaciones encontramos espresso, flat white, filtrado por método manual, con un filtrado premium de temporada que va rotando, con granos tostados por Aura. Las bebidas de autor también van variando. Una de las más populares es el Pumpkin Spice Latte, que entró para navidad y se quedó en la carta. También está el Matcha Sunset, una mezcla matcha japonés, leche texturizada y syrup de naranja.
En el ítem dulce, uno de los más destacados son las Tostadas Francesas, sobre van sobre pan brioche tostado de La Popular, una con manzana, canela, crema batida y crumble crocante, la otra con frutos rojos y menta.
Entre los platos salados, el más pedido es el Salmoccino, una tostada sobre hogaza de masa madre con salmón curado en café, cremoso de ricotta con queso crema, eneldo, cebolla encurtida, garbanzos crocantes, aceite de oliva y zeste de limón. El otro que sale mucho es el Kimchado: mechada de vacuno, kimchi casero y lactonesa de sriracha en pan brioche. De ahí para abajo hay sándwiches en ciabatta con pollo a la plancha, tres versiones de mechada y un Club Sandwich, ideal para compartir.
Acaban de implementar un menú de almuerzo con cuatro opciones fijas, que es lo que corresponde para una cafetería de treinta asientos ubicada justo a la salida de una estación de metro.

La oferta asiática de La Florida se reparte mayoritariamente entre sushis y chinos, ambos tan chilenizados como es posible. Probablemente uno de los pocos locales donde es posible encontrar algo distinto es en Pasillo 20.11, un pequeño local ubicado en un pasillo en Walker Martínez a cargo del chef Tomás Araya, que lleva cinco años demostrando que se pueden comer los platos de moda sin salir de la comuna.
En su carta encontramos una versión propia de las gyozas, que pueden ser al vapor van con salsa agridulce, mostaza encurtida y cebollín; o fritas, con salsa acevichada, rábano encurtido, shichimi togarashi y cebollín. Otro de sus best seller e inspirado del clásico plato japonés es el udon ($9.000) una pasta de gruesa y alargada de textura elástica, en una salsa cargada al miso blanco, ligeramente agridulce, con camarón, pollo y cerdo, cinco especias chinas, encurtidos de la casa y cilantro encima.
Tampoco podía quedar fuera de una propuesta fake asian el katsu sando, armado sobre pan lactal de Batch, con pechuga marinada y apanada en panko, miso acevichado, coleslaw, semillas de mostaza, pepinillos y un tare con aceite de sésamo. También tienen otras populares opciones como ramen, pad thai o arroz chaufa.
En agosto abren un segundo local a metros del actual, esta vez en un espacio cerrado, con baño, atención en mesa y patente de fuente de soda, lo que les permitirá sumar vino y cerveza a la carta. Cinco años después, el pasillo parece que les quedó chico.

Un local abierto 1993 en la calle Andalién, con mesas de picnic afuera y una fila que empieza antes de que abran. Es probablemente el local de empanadas más concurrido de la comuna e incluso uno de los más visitados del país. Hay quienes llegan a comprar dos docenas para llevar y quienes se sientan a comérselas ahí mismo, en familia, con una bebida en lata.
La de pino es la receta tradicional de toda la vida, con carne picada, cebolla, huevo y aceituna, y se puede pedir con salsa de ají. Del resto de la carta, hay opciones para los distintos gustos como la napolitana con jamón artesanal, tomate natural y orégano; una de queso solo con 90 gramos de mantecoso; la de queso champiñón salteado en mantequilla o la popular queso camarón con crema y ciboulette.
Llegue temprano porque fila se forma siempre.

A pasos de El Remanso, cruzando la calle, funciona otra tienda de empanadas, que goza de una popularidad similar. Los Lobos de Ita es más chico, funciona con autoservicio y tiene una gran variedad que se puede ver un cartel que cuelga en su pared con los diecisiete tipos fotografiados uno por uno. Están las esperables -pino, mechada queso, jamón queso, choclo queso, aceituna queso- y otras que aparecen menos seguido, como la de pino con merquén, bien picantona, la de tomate, queso y albahaca, la gallega o la de jaiba queso.
Un detalle práctico que conviene anotar: El Remanso cierra los lunes y Los Lobos de Ita cierra los martes. La calle Andalién, en la práctica, no descansa nunca.

Donde Yoyos nace hace seis años, cuando Claudia Nuñez y Rodrigo «El Yoyo» Gutiérrez empezaron a repartir almuerzos que cocinaban en su casa. Tan bien les fue que en 2021 abrieron un local con cuatro mesas que rápidamente fue creciendo hasta que a principios de 2026 se cambiaron a uno bastante más grande en Av. La Florida. La premisa, dicen, sigue siendo la misma: no industrializarse y mantener siempre el sello de cocina casera.
Y esa identidad se nota desde la logística cuando estás esperando en la fila. Afuera hay tacatacas para los que tienen que esperar su mesa el fin de semana y Claudia sale a repartir sopaipillas mientras se desocupa un espacio. Adentro atienden garzones de oficio, de los que conversan con el cliente, se aprenden su nombre y le hacen siempre las mismas bromas, cual tío boomer.
La carta no sale del recetario chileno tradicional, lo que hace aún más meritorio el éxito que han tenido. Su Pastel de Choclo, el producto más vendido del local, lleva un pino que además de carne molida incluye plateada, y una pastelera de consistencia más firme que la habitual, de las que no se desarman al servir. La otra especialidad es la Reineta al Pil-Pil, un invento bien chileno del Yoyo, donde el filete va a la plancha y después se saltea con un pil pil de camarones. Completan su carta con cazuela, sopaipillas pasadas, pescados fritos y una lista larga de platos típicos, de esos que nunca pasarán de moda.

Cerramos la ruta en la esquina de Samurai, en un local pintado a franjas verdes y rojas con un letrero Pepsi de otra época arriba de la fachada. Glotón Lucho, es una de esas picadas, ideales para el bajón que lleva más de treinta años alimentando al variopinto público floridano que acuden por sus lomitos y completos. Empezó como un carrito y hoy, detrás del mesón de comida al paso donde los clientes comen de pie, hay un espacio con once mesas para sentarse.
La operación es sencilla y no se mueve de las preparaciones clásicas de fuente de soda. Hay chucrut, americana, tomate, palta, mayonesa casera y porotos verdes para los chacareros. Los completos, lomitos y churrascos son lo más vendido, aunque también cuentan que últimamente el as ha ido ganando popularidad. Abren a las nueve de la mañana y cierran pasada la medianoche, lo que los convierte en un lugar ideal al que acudir después de ir a un bar.
Pruebe su Lomito con Queso, con lonjas delgadas, el queso bien fundido y el pan estilando en sus jugos, que no tiene nada que envidiarle a los que preparan en las fuentes de soda más cotizadas de la capital.
