Le Flaubert es uno de esos restaurantes que ya forman parte del paisaje gastronómico de Providencia. Abierto desde 1995 en Orrego Luco, mantiene con ahínco su espíritu de bistró francés, con una carta que mezcla recetas clásicas y algunas incorporaciones recientes bajo la dirección del chef Maximiliano Gutiérrez. No es casualidad que hace 25 años la crítica gastronómica de El Mercurio, Soledad Martínez lo definiera como “un pequeño restaurante cercano a la perfección, que funciona sin fallas”. Un elogio que, visto desde el presente, sigue haciendo sentido.
Entre sus imprescindibles está la sopa de cebolla, un clásico francés servido en una versión intensa y reconfortante, con cebollas cocinadas lentamente en generoso caldo y fondo de vino tinto, junto a una tostada coronada con queso gratinado, precisa para sumergir en sopa.
Otro de los favoritos es el tártaro de filete, preparado con carne cortada a cuchillo en cubos bien definidos, acompañado de salsa de mayonesa, mostaza y pimienta, alcaparras, limón y parmesano rallado, una buena versión. Entre los fondos el confit de pato, es un plato fuerte, elaborado con pato importado desde Francia, cuya carne resulta tierna, jugosa y piel crocante a su vez. Se sirve sobre un risotto de peras y camembert con tomillo, donde conviven peras asadas y encurtidas que aporta textura y un delicado contrapunto dulce.
Más que un restaurante para conocer una vez, Le Flaubert es de esos lugares a los que se vuelve. Para celebrar un aniversario, una conversación sin apuro, una comida familiar o simplemente porque de vez en cuando dan ganas de reencontrarse con platos que el tiempo ha demostrado que funcionan. En una capital obsesionada con las novedades, sigue recordándonos que hay clásicos que nunca pasan de moda.