La mayoría de la gente camina justo frente a las narices de Barrio Triana sin siquiera saber que existe. Esta pequeña calle, oculta por Eliodoro Yañez justo antes de llegar a Av. Providencia y a media cuadra de Metro Salvador, tiene casonas de conservación histórica que fueron levantadas en la primera mitad del siglo pasado. Por varias décadas el lugar pasó desapercibido porque solo habían oficinas, pero en los últimos años el panorama ha ido cambiando.
Primero fue el casino de un cowork que abrió sus puertas a los vecinos, luego una pizzería napolitana. Por algunos años estos dos lugares empujaron el barrio pero este año se sumó el segundo proyecto de uno de los cocineros más importantes del país, una cafetería llena de antigüedades y más recientemente hasta abrió Garden Destilería, señal inequívoca del boom de esta calle, que permite a los visitantes descubrir su gin a través de tours y catas educativas para entender este producto y el proceso de destilación.
A Triana ahora llega gente de distintos sectores de la ciudad. No solo quien trabaja por las calles aledañas o los vecinos del sector, sino gente que viene exclusivamente a descubrir sus distintas propuestas. Esta es la ruta -probada y aprobada por Guía Comino– para saber qué comer en Barrio Triana.

Es el lugar que comenzó a poner los primeros ladrillos gastronómicos de este barrio hace ya seis años. Un concepto de restaurante tipo «casino», pero abierto al público, que además de funcionar para quienes trabajan en el cowork de Centro Leñería donde está ubicado, alimenta diariamente a vecinos del sector que acuden religiosamente.
Es un espacio con ladrillo a la vista, vigas de metal negro y decenas de helechos colgando de macetas sobre largas mesas de metal compartidas. Un ecobrutalismo pensado para que los distintos proyectos del cowork terminen conversando entre sí en el almuerzo. Funciona con menú del día de dos opciones, una carnívora y una veggie -el día de la visita, un jugoso pollo arvejado-, más un bowl que se arma con la proteína a elección. El menú del día ($9.600) incluye soda o té frío, pan, sopa o ensalada, plato principal y café y está también el menú ejecutivo ($10.500), que es lo mismo pero suma postre.
Pronto van a abrir una barra -para la que incluirán platitos tipo tapeo- y van a arrancar con un ciclo de cenas y pop-ups que busca estirar la vida del barrio más allá de la hora de almuerzo.

Que una pizzería de este nivel haya abierto en Barrio Triana es otra de las razones que explican que cada vez más gente visite el barrio, porque Da Bruno es un lugar de destino por sí solo si de pizza napolitana hablamos. Aquí, los fanáticos del fútbol se sienten en casa de inmediato con las referencias a Maradona. Un cuadro colgando en la pared, stickers del 10 y poleras del Napoli. Esto también te sitúa de inmediato en su estilo de pizza.
Es un local al paso de pizza napolitana abierto en 2021, con una masa de fermentación directa, sin prefermentos ni masa madre, donde todos los ingredientes e insumos, salvo algunas verduras, vienen directo desde Italia. Su dueño y chef, Bruno Bucca, aprendió este estilo clásico en Nápoles y lo implementó de la forma más auténtica posible.
Son pioneros en el Portafoglio, un tipo de pizza de 22 a 25 centímetros que se pliega y se entrega en un formato fácil de llevar, que permite incluso comerla caminando (desde $5.500). Entre sus pizzas más vendidas está la Salciccia e Friarelli ($11.000), con mozzarella fior di latte, salsiccia y friarelli, una especie de brócoli napolitano que queda jugoso y le aporta un toque fresco a la combinación. También la Provola e Pepe ($12.000), con salsa de tomate cherry amarillo italiano de dulzor adictivo, mozzarella ahumada y pimienta negra.
Un local que se aleja de lo formal y de lo rupturista para ofrecer un producto auténtico, cercano y rápido.

Y por si faltaran proyectos de peso en el barrio, en marzo de este año abrió Neko-San, la cafetería y tetería japonesa del chef Nicolás Tapia, ampliamente considerado por crítica local y extranjera uno de los mejores del país. Es su segundo proyecto después de Yum Cha, el restaurante que la revista TIME eligió entre los mejores del mundo en 2024 y que hoy ocupa el puesto 28 de Latin America’s 50 Best Restaurants.
Acá su cocina se presenta en un formato al paso, de barrio y a precio justo. Su barra ofrece 32 variedades de té -blancos, oolong, verdes y pu erh- donde se cuida temperatura, gramaje y tiempo de infusión para cada una. A eso se suman onigiris armados al momento, con el nori todavía crujiente y el relleno tibio, y una carta corta de sandos que va rotando. El de sierra ahumada y pimentón ($6.000) cruza el tuna-mayo japonés con el ave-pimentón chileno y es de los que mejor funcionan. Lo que de verdad distingue al local es el maridaje entre té y comida, algo que Tapia lleva años afinando en Yum Cha.
De a poco han ido sumando combinaciones de sabores para los sandos y onigiris, y hace poco entró a la carta una sopa de miso y tofu, ideal para el invierno.

La última apertura del barrio no podía quedarse atrás. Abrió en abril de este año como una cafetería montada dentro de una casa de Barrio Triana llena de antigüedades. La razón: la dueña se dedica al anticuariato y espera que pronto el mismo café funcione también como su tienda, La Anticuaria. Por eso casi todos los tesoros que encuentras en este encantador espacio están a la venta, desde la vitrina de vidrio repleta de figuras de cerámica hasta el espejo grabado con el nombre de su tienda. Entre medio, sobre una repisa, hay pilas de viejas revistas Paula, la misma publicación que se hacía en un edificio a pocos metros y que ahora se ha convertido en objeto de colección. Hasta hay cajas tipográficas de imprenta colgadas en la pared, que le hacen un guiño al nombre del local.
Pero más allá de su estética, Café Prensa convence con su cocina, que llega en vajilla de cerámica grez hecha por la propia dueña (esa sí, no está a la venta) y una pastelería donde todo es hecho en casa. Hay galletas ($2.500), como una de chocolate blanco con frambuesa y otra bien picante, cargada al jengibre, los clásicos sándwiches en croissant (desde $3.500), una tarta vasca con mermelada de frutos rojos, un carrot cake ($4.000) con un goloso manjar casero que no puedes dejar de probar y una tarta de almendras ($5.800) con ese sabor del recuerdo.
El café se puede pedir directo en prensas -de ahí el nombre del local- de 300, 550 u 850 cc, de $3.500 a $9.000, ideal para conversaciones largas o reuniones de trabajo.

Aunque no queda en Barrio Triana propiamente tal, Mirlo está apenas a media cuadra, por avenida Eliodoro Yáñez, y es una de las propuestas de brunch más queridas del sector. Abrió en 2019 y trabaja con cocina de estación: la carta cambia según lo que haya, y la panadería y bollería se hornean ahí mismo. Del lado salado tienen tostadas de hongo y ricotta ($7.900) o el planchadito de pastrami ($8.000); del dulce, la vitrina manda. Para acompañar, sodas de fruta caseras que rotan con la temporada ($3.500), limonada de Jamaica ($3.900) o una de sandía y merkén ($3.500). Uno de los imprescindibles de este barrio y de la ciudad entera.