Braulio Tapia hacía masa madre en su casa cuando casi nadie en Chile sabía qué era, y documentaba en Instagram tanto los panes que salían bien como los que salían mal. De esa obsesión nació Panba, su panadería al paso en calle Serrano, y de su evolución, Mesa Panba, ahora instalada en una casona del Cerro Concepción con terraza mirando al puerto.
Lo que cambió es que acá te quedas. Con la mudanza llegó la patente de alcohol y una barra a cargo de Bastián Arcos, viejo conocido de la coctelería porteña, así que nadie te mira raro si pides un Negroni a las once de la mañana para bajar el pan de ají, ese hojaldre dorado con un ají asomando por un extremo que es ícono de la casa desde los tiempos de Serrano.
La carta salada creció. El mechado en brioche con cheddar fundido no se puede comer sin chorrearse, y el tostón de choritos llega alto y alimonado. Para el final, la torta vasca quemada, densa por dentro y en varios sabores. El café es de 504, tostaduría local. Un lugar para sentarse con calma, no para pasar a buscar pan e irse.