Proyecto familiar del chef Javier Miranda (ex Veneno Negro), su hermana Carolina y su madre, que partió como heladería artesanal con sabores locales como membrillo, copao, murta, choclolate (sí, choclo + chocolate) y ahora suma también una rica carta de comida. Hay ceviche de bonito a la parrilla, con el pescado raspado, a la vieja usanza y un Crudo, receta familiar del abuelo del chef con cebolla perla, cilantro y ají oro. Un local de barrio con cocina ingeniosa que podría estar en cualquier circuito gastronómico de moda.