En el piso 3 del MUT, Roberto Luque (el mismo de Verde Sazón) montó Casa Asa, un restaurante en torno al fuego que hace algo cada vez más difícil en Santiago: comer bien sin que la cuenta arruine la tarde. El almuerzo sale $10.000 con proteína a elección, dos acompañamientos y una infusión helada, todo bien equilibrado en macronutrientes para no quedar muy pesado. El truco para estos precios es usar cortes más accesibles, como el abastero o el pollo y trabajarlos bien junto a unos acompañamientos que tienen tanta relevancia como la proteína y que también se pueden pedir por separado por un valor de $1.500 cada uno. De noche el formato cambia a platos de picoteo y para compartir, donde brillan los ostiones de Tongoy, una panceta crocante con leche de tigre y unos champiñones rellenos de cuatro quesos. La cocina y el servicio son de gran restaurante; los precios, de comedor de barrio. Un lugar de frecuencia, para repetírselo cualquier día de la semana.