Desde 1978 los vecinos de los bloques rojos de Av. Salvador almuerzan en este local chico de mesas de madera, con cajas de Cristal apiladas contra la ventana y el ketchup en envase plástico de color. A fines de julio lo tomó el chef Axel Manríquez, dieciocho años en el Plaza San Francisco junto a Guillermo Rodríguez y después a cargo del Bristol, premio Wikén al mejor restaurante de cocina chilena en 2013. Volvió a cocinar con su esposa, sus tres hijas, su suegra y una sobrina, sin moverle la identidad al local.
El menú del día ($8.200) trae sopa o caldo, ensalada y un fondo que cambia a diario, así que se come a la suerte de la olla. Si tocan guatitas a la jardinera, pídalas sin miedo: llegan blandas, lejos de la goma que traumó a tantos en la infancia. Para no apostar están los sándwiches en marraqueta ($9.800) con lengua, pernil, churrasco o lomito. La lengua, poco habitual acá, pasa por la plancha con ajo y se termina con mantequilla.