Escondido al interior de la Biblioteca Nacional, Justicia Café convierte una pausa cotidiana en una experiencia poco habitual. Su gran salón de techos altísimos, arcos, columnas, vitrales y piso ajedrezado conserva el aire solemne del edificio, mientras la barra de madera oscura evoca los tradicionales cafés vieneses. El espresso, preparado con granos de tostadores como Artisan o Lúdico, según disponibilidad, es equilibrado y acompaña una carta breve, donde la dobladita con queso fundido se ha ganado un lugar entre los favoritos, junto a un generoso pie de limón de merengue. Aquí conviven estudiantes, investigadores, trabajadores, turistas y lectores que buscan un momento de calma en pleno centro de Santiago. No abundan los enchufes, por lo que no es el mejor lugar para una jornada completa de trabajo remoto, pero sí para leer, conversar o simplemente disfrutar del privilegio de tomar café en uno de los edificios patrimoniales más importantes del país.