En Alonso de Córdova hay que prestarle atención a este nuevo español del barrio. Entre Nueva Costanera y Bicentenario, en una casona de dos pisos donde Carolina Delpiano diseñó con un rojo que se siente bien español, Pablo Pérez abrió Raval, su primer restaurante propio después de años cocinando entre Barcelona y Santiago. La cocina la maneja Kio Rodríguez, que también vivió una década en España y pasó por Aponiente, uno de los mejores restaurantes del mundo. Es un concepto de tapeo, pensado para pedir varias cosas e ir sumando nuevas rondas. A la mesa llegan croquetas alargadas de jamón ibérico de relleno cremoso, ostiones de Tongoy que llegan todavía calientes bajo una emulsión de mantequilla con sidra, ostras a la brasa pintadas con pimentón de la Vera y un rabo de vaca colagenoso sobre puré al mortero. Si se sienta en la barra, le llega una gilda de regalo. Suficiente excusa para empezar por ahí.