Esta pizzería en Octava Avenida es obra del ilustrador Sebastián Ilabaca y la bióloga Fernanda Santander, quienes en 2014 montaron un local que parece un nido. Plantas por todos lados, terraza de madera en el segundo piso con muebles vintage y una buganvilla que le da marco al espacio. La cocina es casera de principio a fin. Su pizza Colibrí (salsa de tomate, tapenade, rúcula y parmesano) es de las más pedidas, pero el verdadero golpe creativo es la salsa «Amor de Tomate», hecha con el corazón del tomate que suele desperdiciarse, pensada como dip para el borde de las pizzas. Para tomar está la cerveza Perro Flaco, sanmiguelina y artesanal. Ideal para una cita romántica.
